martes, 17 de enero de 2012

PROCEDIMIENTO / Poesía de José Ignacio Restrepo


SERIGRAFÍA


Sordos de tacto,
esos que fuí
que también calzan mis zapatos,
se dejan observar
con la ansiedad prolija de los ciegos
que temen ver en el siguiente instante,
por perder el control sobre lo oscuro
que muy a su pesar poseen
sin ser dueños de nada,
como pajes cuidados
de un antiguo reino
que sucumbe

Con los ojos profusamente abiertos,
en donde caben acaso por axioma,
los agujeros negros de mi cara
expongo
la vastedad de recuerdos infecundos
de lo que no pasó
junto a ese foro que mi nombre grita
por lo que no pasará,
lo que nunca va a pasar, repiten,
remedo de cien brújulas dañadas
que no muestran con su aguja el norte
ni permiten siquiera suponerlo,
y mientras regreso a donde estás
para mirar tus agujeros de fuego
similares,
uno del lado que puedes ver los mares,
otro allende al frontis del infierno,
ellos bien podrían ser una grafía
lugares arquetípicos gemelos,
que por misión aseguran
tienen ver,
pero solamente destellos me proclaman,
allí hay un aroma selectivo
donde saben acaso muertos vivos,
que todo es neutro, deleznable incluso,
este aroma a sutiles ambrosías,
más el eco elemental que todo nombra,
en la hora primera y la que cierra,
rememoran capítulos ya leídos
que paren nada y luego se renacen,
nuestros nombres severos,
narrados por el borde
de las eras

Sensibles y anecdóticas querellas
narran nuestras presencias mutiladas,
como peonzas en torpes sueños idos,
con tu nombre cosido a los hilvanes
de una prenda marrón
que nada cubre,
ni el hoy que no se vé,
ni tampoco el ayer difuminado,
en el trozo quebrado del espejo
donde vivo quedó el reflejo atado
de los ojos quemados
de algún ciego

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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