viernes, 30 de agosto de 2013

NO ORAR DE CUATRO A SEIS / Poesía de José Ignacio Restrepo

 
 
QUERUBÍN
 

Tiras perfectas de piel nunca domada
que amarran este grave corazón,
empujándome de pie para que caiga
en mis veredas rasas, mis cadalzos,
donde ahorco pasados aquelarres,
cierro cuartos y después boto las llaves,
fornico una vez última y convoco
a esa fe con su cara de demonio,
para que rinda cuentas
y se marche...
Saco del hondo lago mi cabeza cortada,
sacudo sin más los maltrechos ideales,
formo los fehacientes y sus rumbos
para que salten con su pértiga mis claves,
horado surcos culpables con mis manos
que de rezar sus tardías pertinencias
ya parecen muñones,
huesos tiernos,
luego
combato con lo perdido lo encontrado,
y le saco los ojos a mi gato
para que no me mire en el suplicio,
cuando le narraré en el precipicio
sobre la gravedad y sus afugias,
para vencer el vuelo de un neonato
que sin nacer descubrió
que ya era un ángel...
Préstate cartomante para obrar
como si ya supieras lo que sigue,
a tu salud yo brindo nuevamente
y me repliego a mis caros aposentos,
sordos somos los mejor oídos,
ciegos los que tienen el camino
abierto por los que videntes siempre llaman,
lerdos saben de veloces y de aptos
más que los que señalan con el dedo
lo que odian por sentir distinto,
y avaros los proxenetas del presente
donde mordazas reparte este segundo
para que calle sobre el sentido
de estas líneas,
no está de más decirles
del caminable y difícil laberinto
donde sus pasos sin peligro ya se acercan
el que eres, es pertrecho del que sigue,
en este circo hundido en el aljibe,
donde narices piden aire
con ahínco...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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miércoles, 28 de agosto de 2013

COLOFÓN DE LO TRISTE, HOY / Poesía de José Ignacio Restrepo


DE ÚLTIMO


Olvidadas sandalias que llevaban
tus pasos del balcón a la ventana, 
que se iban casi sin pausa deslizadas
sin que hicieras esfuerzo
al caminar.
como un baile delgado un día de mayo,
en la noche más sola que tuviste
sin mi mano o mi piel,
para tocar...
Sandalias que tenían tu perfume,
de ese talco mecenas que guardaba
al sudor de salir a merodear...
Mandarinas caídas sobre el porche
largadas de las ramas más pesadas,
la fruta que aún cuelga mira todo
sin descubrir tus manos de mañana,
que solían juntarla para dar
a cada uno un par para llevar;
y el madero que cierra ese portal,
con su siglo de vida está tirado,
la verja ahí adelante se perdió
y su óxido a cuestas,
grita de más el cambio de estación...
La ropa ya dejada sin colgar, 
en la máquina de lavar que está dañada,
parece reprender esta asonada,
que llegó con el mes y no se marcha...
Tu voz ronda sin ti por los espacios
y tu imagen cosida con relieve,
puede verse en la mirada de un cordero,
que llegó de otro lugar 
buscando leche,
la casa rota por todas las esquinas  
le hace otra vil pregunta a ese extranjero,
ese viento que todo lo levanta,
pero solo para moverlo
algunos metros...
Estos agostos con su hiel de fuego
contados por septiembres rebelados, 
caprichosos resaltan lo perdido
y lo nunca logrado es siempre juez,
lo que era bonito hoy es tan frío,
su sabor de presente
ya no sabe,
el pronombre que unía huyó hace tiempo,
como huyó de mi sombra hasta el color, 
averiado un murmullo dice cosas
que asoman como ecos pedigueños
debajo de los muebles y en las vigas,
creo ver el polvo del tapete 
que olvidó elevarse y no se eleva
ni aunque el viento se entre
sin querer,
¿es tu ropa de noche la que veo
regada como flores por el cuarto?
...que fatídico agosto, quebrantado,
igual que mi alocado corazón
que no debía venir...
pero llegó...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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lunes, 26 de agosto de 2013

SENTIR EL ANTES Y EL DESPUÉS / Poesía de José Ignacio Restrepo


 
SIMPLES REZOS


Un poema se fuga enardecido
en la noche sin casi ni una estrella,
mientras simple en la ventana una mujer
pensando revivir entierra todo,
él que era dueño eximido de su alma
hace ya tiempo dijo se marchaba,
y verdaderamente se marchó,
pero no pudo sacarla de su alma,
aunque nadie lo sabe,
sino yo...
Saltimbanquis sin circo ni función, 
bregando a revivir esas rotondas, 
y en los ojos de cálidos testigos, 
amigos de la fronda sin pudor, 
alicorados ángeles que escuchan, 
lo que decimos pálidos sintiendo, 
tejiendo entre los ojos acabados, 
los versos que encendieron sin saber, 
el dúctil corazón de vil corsario...
Él allá,
ella aquí,
y en la palestra
los ojos de aquellos que los aman,
el circo lo completan los cachorros,
esos que crecen viendo el bien llorar,
adaptando las voces de nostalgia
al eco consagrado,
al qué dirán...
Y los abuelos cursis que aún viven,
esperando alejados de la gripe,
confabulados con rezos repetidos,
aguardando a san Roque y san Camilo,
para que hagan el trabajo de juntarlos,
o simplemente van a perder ambos
a los que piden diario por querer,
que esa pareja vuelva a renacer...
 
 
JOSÉ IGNACIO RESTREPO
Copyright ©

domingo, 25 de agosto de 2013

RITOS SONÁMBULOS / Poesía de José Ignacio Restrepo




PARTIDA
 
 
Llamado sin respeto
por locuaces y nuevos Rasputines,
el momento preferido sin olvido,
yo lo he bautizado con esmero
el tiempo final de los armarios...
Nos hacemos frente al molde de madera,
y sacamos lo que no sirve de nada, 
prenda a prenda, las lociones, las corbatas,
como si fuera lo único aún útil, 
con el mayor pudor de los cuidados
arreciamos para hacer todo posible,
miramos la pared limpia y sin motas
pidiendo sin orar sustento nuevo,
luego hacemos de monjes vacunados
y tendemos la maleta corroída, 
mientras los ojos nos lloran sin consuelo, 
en mitad de la cama descubierta
donde rendimos las guerras y las paces,
ahora solo pedazos de recuerdos...
Cerramos la maleta y la tomamos
como si fuera lo último que existe
y luego, en el porche recordamos 
 que dejamos vacío en vez de lleno...
por mentir muchas veces con cuidado,
esos cuatro te quieros simulados, 
como seguidas luces, veinte faros
iluminaron con fe cada segundo,
y hacen fiera consulta en este espacio, 
cada cuarto vacío, cada alfombra,
las ventanas, las puertas y el zaguán, 
en los ojos cerrados de quién sabe, 
en el pecho dormido del que ya
se ha marchado aún antes que este que habla,
dejando algún susurro en el portal,
y una carta en el ático vacío...
y, me mira el recuerdo corroído:
Estas llena de miel, no te sonrías,
veo migas tiradas en la alfombra,
y falta el pan, mi amor, ¿dónde lo escondes?
...hay hormigas en fila, en el zaguán...
 ...dónde tienes el pan...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
• Copyright ©
 

viernes, 23 de agosto de 2013

SOLO UN CUENTO DE PARQUE... / Poesía de José Ignacio Restrepo


 
 
ESA VENUS 
CENTENARIA


Meliflua sindicación la del poniente
a la alta estatua solitaria,
como respuesta al halo quejumbroso
y a la falta de fe de su mirada,
que parece quedarse sin la vida
que hacia abajo su cuerpo resquebraja,
y ni las sucesivas capas 
de pintura que ocluye su rareza,
que  han puesto sobre todo con la fe,
de que la edad no pase por su mármol,
y aunque lo sepa el sol, los otros no,
que su inmune veteado sí es eterno,
comparado con la piel y con el verbo
de los humanos simples, pasajeros,
que se amodorran unos contra otros,
para darse o privarse de sosiego...

Venida de la Creta centenaria
la roca que de Venus tomó forma,
en las manos maestras de un pedrero,
hoy se pasa los días y las noches
elucubrando sola, maldiciendo,
por no ser de otra estirpe diferente,
no tan longeva, no tan confidente,
pues al lugar derivan casi siempre
los dolientes de amor, menoscabados,
los ebrios o tan solo alicorados,
los que yacen perdidos aún de pie,
y otros forajidos con sus cuitas,
a veces no tan largas pero si
pletóricas de penas consentidas,
multiplicadas ellas por actuar,
en contra del sentido y el buen tino,
ella hace de escucha y de paciente,
pues sufre lo que no puede decir,
por éso quiere irse a otro parque,
y la fuerza que hace al desearlo,
comenzó a fragmentar el pedestal
donde fue colocada hace cien años...

Larga diatriba en el último minuto
trae esta tarde el sol sin avaricia,
para calmar a la estatua que solloza,
por saber que la noche se aproxima,
y los fieles que no son le llegarán,
a mentir de sus rosas y claveles,
y las dañadas, tibias, pecadoras,
en los peldaños fríos sentarán
sus nalgatorios suaves y abultados
hasta que queden casi congelados,
y sucumbir a ése no sé qué
de sentirse escuchadas por mujer,
por esa Venus alta y tan hermosa,
que parece oir al que la mira,
al que suave le habla con franqueza,
acercando su cara bella y pura,
en nombre del amor y la ternura
al doliente de siempre que no sabe,
que a la piedra tallada le harán caso
y mañana estará en otro lugar,
en compañía de otras como ella,
sufridas de mil grietas temporarias,
que deben con cuidado reparar...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 21 de agosto de 2013

POR LA VOZ QUE DICE ALMA / Poesía de José Ignacio Restrepo



SABER
 
 
Sangre que corre libremente
desde los cauces de mi boca hasta mis manos
y de allí tejiendo puentes, como mago,
hasta las propias vías arteriales
de todos los que vienen y se enfrentan
a este engendro sin ojos
que dá ósculos planos y certeros,
de cuyo viaje fecundo trama Eros
historias de mañanas y de ayeres,
para pintarlas en bosques no sembrados,
los futuros
que espero...

No lo había sentido de ese modo,
si no es por la valiosa voz errante
de una valerosa que lo dijo,
que mi sangre le corre por las venas,
y mis versos son eras y son nubes,
surcos sembrados con arroz y con centeno,
en primavera llenos de otros seres,
pájaros que reviven y se mecen
en los granos grandes de alimento,
reptiles que concienten los fermentos
de donde el vino apenas arde puro
por las palabras sangradas,
que ahora hierven
relámpagos de azar,
afortunados
pues cual escrito vivo
fueron vistos con amor
por mis dos ojos...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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domingo, 18 de agosto de 2013

LO QUE HABLA EL CORAZÓN / Poesía de José Ignacio Restrepo



PLENILUNIO



 Eso tiene el amor, 
soles que se prenden y se apagan 
para abrillantarnos y apagarnos 
entre sombras, 
manos que alcanzan para irse y retornar
niñas aunque sean de arrugas,
plenas de recuerdos sí las miras
o sí las calientas una contra otra,
ansias que reptan sujetas a palabras
solo aguardando que el silencio llegue, 
repitiendo como un mantra
la corta suma de letras de su nombre...
Es compañía aún cuando se ha ido,
cada una de las cosas que tejió
o destejió sombreando el sentimiento,
cada calor pedido y otorgado,
cada simple silencio ocasionado
por el apuro intenso de no hacer
o la oportuna alarma de evitar,
tiene aferrada a sus letras la pasión
y el rostro inolvidable del amado...
Y ese canto que el viento te regala
asombrado de verte una vez más,
termina cuando llegue en una hora
la oscuridad que hacía de escenario,
para decir todo lo pedido,
y callar como es usual
lo que los ojos,
con pureza incesante y verdadera,
desde el comienzo del sentir
habían hablado...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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