miércoles, 6 de agosto de 2014

LA SOMBRA DEL RELOJ EN LA PARED / Poesía de José Ignacio Restrepo


QUIETO


Los relojes dañados me hablan
cuando abro los cajones o miro 
las sombras de su vida en las paredes,
repaso los segundos innacidos
como si fueran pibes que quedaron
en el intento frío,
en la belleza
de un piropo de zaguán a mala hora,
o en ese envión de la mano
que buscaba
en el lino de la falda
joven piel...

Los varados relojes como anclas
pegadas a los cascos corroídos
dan fe de esas playas, de esos nidos,
donde el tiempo ha quedado siniestrado,
los nombres del momento
ya no importan,
ni el después sacrosanto,
solo ese momento destinado
para que en fila india allí llegara,
para darle a la última jornada
su lección de minutos,
su infantil pedido...

No te vayas, amor,
vete, si quieres,
¿es la luz de tu alma la que brilla
o solo es esa blanquísima camisa
que no puede apañar el alma triste?
o el pedido de que el fin sea un principio
y este ánimo tuyo uncido al mío
no se apague
como la lumbre avara,
o el señor segundero del reloj,
que secreto designa longilineo,
si hasta aquí ha llegado el sacrificio...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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