miércoles, 30 de abril de 2014

SOLEDADES QUE NO LO SON / Poesía de José Ignacio Restrepo



VENIALES 
QUE NO PESAN


Esas cosas, 
que no tienen nombre 
pero están sostenidas 
con gruesos filamentos color nada
en la hora en que fueron vividas, 
amadas, odiadas...sentidas
convertidas por tus actos en fermento...
en monumento no deben convertirse
y menos frente al mar, 
sé lo que digo,
desde un Amaretto ya algo tibio
esta carta sencilla deletreo,
para vos viejo amigo
o para otros,
con estos versos sonsacados al capricho,
mucho menos si afuera gritas vida, 
ese otro deseo 
febrilmente atado y postergado, 
que no tiene huella en nuestra piel, 
más que por lo negado que quisimos,
aquello que fue algo más costoso
del dinero lacrado en el bolsillo,
pero triste recuerdo es, y será,
pues aún no fue un hecho,
desde afuera con tu voz
te está llamando...
 Ariscos los veniales en la mente,
y en esos escenarios monacales 
quedan entonces de frente al mismo aire, 
allá la escuela, 
los recuerdos sedantes, 
acá, la caricia recibida y merecida...
al fondo, los preciados galardones, 
aún sin recibir llenos de moho...
Un elocuente trazado, 
algún mapa tuyo, 
una línea inusual reconocida...
desde aquella vertiente que nos mira, 
que aún no trasegamos 
pero que nos es ya harto conocida.

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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jueves, 24 de abril de 2014

NO DORMIR, FILIAL, SI NO HAY FATIGA / Poesía de José Ignacio Restrepo



ESCOLÁSTICO


Cesó el disfrute de la mora abierta,
el jugo ya se seca en la garganta,
y mientras éso ocurre yo echo el ancla
tras la muralla final de azul granito,
hasta el vergel abajo donde habito
con todas mis reales contumacias...
Reabro el corazón a la prebenda,
y ordeno en anaqueles esos lujos,
que ayer fueron dejados tras la reja,
de lo que el diario trajo cual trebejo,
por colores, por tacto y no por precio,
coloco esos graciosos suvenires,
sabiendo que podré verlos de lejos
cuando esté ya por darlos al olvido...
Pariente de mi pecho va en mi mente
el nudo de la sangre y de la tripa,
los rostros saben solos recordarse,
al pasar en mis yemas vientos y aires,
convoco lo de atrás allá adelante,
para obtener más paz, guía, consuelo,
y dejo que me lleve el dios galante
que puso alma y pasión dentro del cuero...
Qué afán puede tener la sed que sabe
los pasos que la llevan a otro sitio,
igual el paso trae bien contado
la experta cantimplora de su dueño,
después que la he llamado vino siempre,
a mojar en mi boca pensamientos
que me quitan aquello que me duele,
y me dejan también algún sustento...
Por ver filosofar agrios silencios,
se callan e interrogan a lo alto,
como siervo que ve llegar la noche,
con la misma pregunta que hizo ayer
y no discurre entonces otra suerte
que organizar muy bien lo que le llega,
hablando de algún modo a la cabeza...
Por éso cuando llega la mañana
y haces veo de luz en la ventana,
elijo entre olvidar y guardar luto,
por todo lo que debo dejar ir...
Ah, dioses del olvido y la memoria,
peleando por los ripios, las harinas,
mientras ya está sin más guardado el pan,
y ordenada, y limpia la cocina...
Acaso esté también algo vacía
la dulce cantimplora de mi sed,
toda el agua de vida que tenía,
mientras llegaban tibias la ideas,
pasó por mi garganta hasta mi vientre,
quitándome la sed con su doctrina,
haciendo su labor limpia y decente,
que consiste, mi señor,
en darme vida...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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sábado, 19 de abril de 2014

EN EL JUEGO DE ENTENDER / Poesía de José Ignacio Restrepo


TODOS PONEN


Otra vez una musa atravesada
me pide que converse del tributo,
sin explicar de cuál,
el dado ya
o el que ha sido pedido y no se paga,
porque no es justa acaso la palabra
del que ya lo exigió,
pobre el decoro,
el manso tributante no es tan bobo,
es poco lo que tiene y lo que logra,
y no es tanta la vuelta de la noria
como para pedir
que el hoy nos cese...
Algo debo decir del tema,
entonces,
yo que soy tributante minorista,
ahora que está abierta la revista
donde podemos ver
nombres y todo,
estigmas, mondadientes, serenatas,
a todo lo que salga de barata
y termine en la lona o en el circo,
podemos condonarle el pundonor
de ser entretenido catecismo,
o al menos reportar por una hora
suficiente tributo para el ojo,
si no pernil al menos tripa dura,
déjanos en el plato
explicación,
que a todo ya pusimos precio caro
como para entender del bien valor...
Remiendo los calzones
del ayer,
para que pulcros vistan mi decencia,
les pongo un parche viejo que resista
esas serias jornadas de la silla,
y saco la pomada de la espalda
para dulce frotar
todo mi cuerpo,
brotan letras gerentes que me ordenan,
que ya nada tribute en plata muerta,
que pague con mis deudas mis ganancias,
para que el que me pide
bien lo entienda,
y devengue de todo lo que atisbo
suficiente rigor en aforismos,
verde, atado, en mi selva de jurado,
para dar al café la nueva toma,
tributos del sentir
al que razona,
y silencio encajado al que no pide,
ni siquiera entender
lo que ha pasado...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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lunes, 14 de abril de 2014

LA LABOR DE ENTALLAR LETRAS / Poesía de José Ignacio Restrepo



AMANUENSE


Hoy, otra vez, me pregunté en silencio,
porqué soy tan proclive a elegir temas
que me llenen los ojos de tristeza
o me partan a fuego el corazón,
porqué llega esa musa de la guerra,
o la que muere de hambre, o la arrollada
por un coche que no la quiso ver,
o esa musa violada por su padre
en presencia de esa otra que se dice
ser la madre, o la progenitora...
cuando nada le sino traidora...
Porque caen historias como rosas,
y yo debo escribirlas, darles vida,
si yo prefiero musas estandartes,
o musas que me canten cosas nobles
para yo transcribir la poesía,
con los ojos plenos de alegría,
alegando por nada contra el cielo,
bendiciendo el fuego de su azur
invitándolo al pecho y a la vida...
Pero no,
las historias perdidas me  persiguen,
es el sino fatal del escritor,
elegido desde antes por sus temas,
colocadas estrellas cual diademas
van cosidas a mis plateadas canas,
suspirando cuando comienzo a abrir
ese extraño instrumento donde escribo...
Me buscan sin llamar las desventuras,
y les pongo la tinta sin pesar,
luego acabo y miro lo que he hecho,
mi derecho, leer, luego llorar...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
Copyright © 

sábado, 12 de abril de 2014

PONER EN PRÁCTICA / Poesía de José Ignacio Restrepo



LA LEY DE IDA 
Y RETORNO


Tras la letra febril arde la dicha, 
el decir es prosélito del verbo, 
trae dioses, amor, inquisidores, 
trae siglos de guerras por amar, 
y decenios de vida que como saya, 
nos acercan en versos a soñar, 
y a sentir en el alma y en la piel...
Pero igual prende el pecho si callamos,
si alertamos de angustia al corazón,
desmedida o clara la cuestión
que nos priva de hablarnos con franqueza,
es la queja impaciente motor,
mucho más si calla entre parejas...
Tenga prisa de hablar o de callar,
que revienten los pechos que se aman,
que se atiendan,
se escuchan de estupor,
mientras podan algún breve rencor
con la hoja que corta las cizañas
que le crecen sin maña en derredor,
si callamos, o hablamos, o pedimos,
cuando lo que es debido para que él crezca,
es diario regalarnos como fruta,
con la boca, la piel, ojos, el alma...
regalarnos, así regresa todo
si hay hoy guerra así vuelve la calma...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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jueves, 10 de abril de 2014

DEL ARMARIO / Poesía de José Ignacio Restrepo



SIN QUERELLA


Circo de los vestidos y desnudos, 
que a tientas van bajando de los muros, 
para alegrar reparos y repulsas
que alientan esta vil escaramuza,
de vivir, hoy señor,
corriendo en solapada ratería
 después de no romper, 
o justo hacer,
los huesos de quien hoy los lleva en pie,
lo que vistes que de lejos bien te nombra
en el armario, o después,
cuando admites sincero que éso eres,
esos suaves colores y tejidos,
esos botones en línea que colocas,
en su ojal dispuesto y alineado,
esa higiene...

Por eso duele,
duele cuando habla lo tapado,
cuando hiere la visión su desnudez,
o grita sin querer la desventura,
parece que sin duda mancillara
cada fibra elocuente,
cada prenda,
pues ése que sin ella anda la vida,
podría ser tu hijo, un dulce amigo,
alguien que fue arrojado
muerto en vida
de los pasillos sangrados
de la guerra,
y entonces de inmediato se convierte
en ese hermano pobre indeseado,
que una vida sin lujo
arrastra solo, 
con los ojos no viendo,
con el pecho bien roto
pero atado...
Llevo amables turbantes en la testa
cuyo físico imperio no se ve,
podría caminar ciego y desnudo,
mudo entre los contrastes y el embrujo,
sin mi mayor noción
que son las letras,
y desde algún denso punto brotarían,
mis amigas ideas,
mis frondosas ateas y queridas,
palabras que son aves,
destejadas, imprudentes
y locuaces,
a veces insensatas,
como almas regresadas y queridas...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 9 de abril de 2014

DE AQUÍ Y DE ALLÁ / Poesía de José Ignacio Restrepo


INQUIETO


De algún ropero somos cortesanos,
en la barra del pub dicen que hay
en cada vil palabra cantimploras,
en cada yugo sabia libertad
al menos por el lapso de una hora,
en la más fuerte tunda hay oro puro
y en el renglón vacío obras maestras...
En la calle legiones miran todo
buscándole el sentido, la razón,
hay algunos que besan crucifijos
para que nadie vea lo invisible
que son hijos de un grand camaleón...
El toro que va atado por los cuernos,
mirando el suelo se ve tan similar,
al más simple de todos peregrino,
que lleva algún periódico doblado
con la secreta esperanza de allí hallar
un trabajo, un día de desquite,
el favor del destino matarife...
De la casa salimos sin saber
si podremos volver tarde en la noche,
en todo caso es bueno resolver
esas preguntas propias repetidas,
no dejarlas allí para mañana,
conozco muchos que jamás volvieron
y tienen esos temas todavía
colgados de las tiras de la ropa,
esperando por ellos como el perro,
que no tuvo su beso, ni su hueso,
y aún quiere a su amo aunque no sepa
que él ya se ha ido,
ha partido sin decirle al más allá...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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sábado, 5 de abril de 2014

UN FUTURO, HOY... MÁS CERCA / Poesía de José Ignacio Restrepo


2036, DE LAS CRÓNICAS


Le llenó de flores el pecho
allí donde la sangre seca
gritaba que antes de ella
había latido...
Le ató los diez pensamientos
que halló desperdigados por la hierba,
crédito de que sus últimos disparos,
salieron rumbo hacia el cielo,
pues no creía entonces en la muerte,
ni antes de perjurio utilitario,
ni luego,
 cuando el gusto fue mezquino,
y los hizo a todos individuos
placenteros, correctos del sentir,
pero angostos y poco razonables,
inservibles para ser pobres guerreros...
Peinó sus cabellos rubicundos,
pegados a su frente y a sus párpados,
con ese lánguido último sudor,
frío y lento
que en la piel corre en los muertos,
mientras hay todavía
algo de vida, intuición, pánico,
recuerdos...
Le arrancó los zapatos ya podridos
donde un anagrama trinitario
mostraba que lo guiaba el dios del cielo,
desgarró de su piel un fatuo lujo
en forma de invisible camafeo,
que llevó sobre ella tantos años,
extraño amor, una llama perdurable
que aunque se gasta ilumina por reflejo,
allí su cara sin lepra ni antifaz
perfecta como igual le permanece,
será su imagen, su fuego, su oración
en esta guerra del hambre
y en las otras,
que él no luchó pues huyó corriendo, amando
atado por la piel y por los ojos
 a la triste idea de que solo llegaría...
ya no creía,
en el gozo de matar
y en que matar podía darle vida...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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