sábado, 25 de abril de 2015

LOS OROS PERDIDOS / Poesía de José Ignacio Restrepo


REGAR CON MAGIA


Mierda,
cuento en un minuto los contratos
rotos de afán en la mágica dicción
que en mi mente entre ecos repetía,
de esa libertad que es solo mía
el mundo  aprisa
ni idea tiene aún,
de esa libertad tan mal vestida,
sin duda enferma y que nadie mira,
yo tengo todas las caricias,
las de noche calladas
y las vociferantes
que marcan la jornada
si es de día...

Veinte, hace veinte,
los años se filan otra vez
y yo voy lanzándolos a todos
desde el balcón o desde un monte alto,
los veo rodar y los pierdo de vista
y luego los saco a gatas de la memoria
vieja encinta siempre en planes
recién hechos
maltrechos en el curso de un ahora,
o conseguidos con suerte prostituta
envueltos en colores dulcemente
como un suave bombón,
trayendo suerte...

Soy un solo aviador de nave ajena,
el gasoil lo compra mi mujer
y el cielo no me muestra el propietario,
que debe ser de hacienda
o de gobierno...
solo quien sea un diestro millonario
podrá hacer con las nubes esculturas
y permitir abajo este desorden,
este,
que no remedia mi sonrisa
o el gesto enamorado de adivino,
que tienen mis manos de poeta
al servir nuevamente el dulce vino
y regarlo
sin más
sobre tu piel...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
• Copyright ©

miércoles, 22 de abril de 2015

CLAMORES Y SILENCIOS HECHOS TRENZA / Poesía de José Ignacio Restrepo


SI EL DESTINO...


Y si canta el herrumbre de los cuerpos, 
no hay lima desgastada que no apueste su sed 
de en ti anidar y herir por pura suerte,
para sacarle brillo a las cenizas
y ponerle retales de recuerdos 
a ese hueco hecho por el tiempo, 
que decidió ganar tu sed de lecho....
Amo el resguardo interino de tu voz, 
donde soy dueño, avaro, pasajero...
y no recuerdo cercano bautisterio 
donde ir a mojar mis menoscabos,
el trajín hilvanado a mis recuerdos 
que ya tallan sin más mi piel cansada, 
para obtener el frescor claro del ámbar, 
que tomé de tu piel sin un temor
o leí de tus cartas deseadas
cuando lejos estabas...
 Tus ojos destilados en augurios
tienen lo que les falta a estos que ven
cómo se multiplican adjetivos, 
si logras convocarme como hoy
en esos negros brillos que conversan,
desde el cielo que se abre y luego cierra
para regarlo con la brea destilada, 
del cansancio indómito en los míos
de días largos que no tienen norte...
y ponerle al mismo tiempo sin tu magia, 
esa tapa al frasco de lo tuyo
 para dotar de arabescos y belleza 
a mis solos y verbales artilugios,
 lugares de gozo si te pienso 
pozo de mi alma alegre por mirar, 
que simplemente aguardan por tu piel
así tenga las marcas del olvido
en tu senda de moho...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO

• Copyright ©

lunes, 20 de abril de 2015

UN NUEVO LAGAR / Poesía de José Ignacio Restrepo



LLEGA



Opones a la cruz las cenizas de un arpa 
y con eco profuso dejas ver que la cuerda
ayer tensada y rota buscándose entre sonidos multiformes 
puede hoy ahorcar la búsqueda de sus pasos que no están,
el terror de la huida que viviste o  su ausencia turgente,
porque todos tenemos culpa del desorden que vemos 
y basta entre cerrar los ojos por miedo taciturnos
para ver que sentirla no nos sirve de nada,
y allá en los alveolos del alma encerebrada
puja y sufre aún vivo el pasado que fue...

 Teme el celo perdido el aroma pueril de amores no logrados
cuando hace como ahora su arribo la dama que te mira,
sabiendo en sus adentros por la forma de verla,
que ella es la elegida para llenar la cama que no habitas,
y  que tu piel fantasea con una Dulcinea presentida
pues hay mujeres de lujo y hay princesas solo de recambio
para alguna ilesa hasta su muerte o a su huida temprana,
reina serena del alma y en ella permanente...
como un premio inmutable, una gracia etérea,
convertida en única por siempre y sin esfuerzo,
del que atrevido y noble su hombre en su momento 
logró en su dirección y bien sufrirlas y amarlas,
sin saber que amándola ya estaba perdido,
 pues todo amor que empieza - si es de origen divino -
 a un fin interminable ya está subordinado...

En el bucle imantado de sus cabellos 
que tocaban un punto justo entre las nalgas, 
cada noche principio, cada noche final,
se tejía lo eterno sin saber que ocurría...
Un beso más osado y más bello que el de antes
dormía entre los labios del amado y amante
para ser puesto allí al final de la espalda...
cada vez que acabaran el acto interminable...
Eso la hizo eterna en su mente hecha de alma,
para decirlo bien, sus besos la hacen viva aunque ella se ha ido,
 hay mujeres que nunca pasarán aunque mueran 
entre hiedras enredadas o estalladas de rojo
entre miles de fragmentos de guerras odiadas...
La que llega ya sabe, lo dice mientras mira, 
que tendrá para amarle también saber sufrir
y a la efigie impoluta de la vida de aquella 
que vaga por la casa, el cuarto y el jardín,
desde ya le recuerda que ella aún existe,
se halla en el menú del diario simplemente 
lidiar sin ignorarla o fiel reverenciar,
como a un Hada Callada de quien restar camino,
el que quede, el que baste, el hasta allí transcurrido.
 

Aceptar que tus recuerdos vagos o inconstantes
son camándulas recias que te cuelgan del cuerpo,
instantes imborrables, viejas tapas marcadas,
y que ese nuevo amor de pieles pernoctadas 
parece blanca sal y arde sin heridas
más el fuego quemando en otro cuerpo ajeno,
que no es cuerpo, no es voz, no es eco ni es pellejo...
Hiel bañando los restos de viejos animales,
 centeno seco y duro sirviendo de alimento...
en mitad de un clima de grises revejidos....
Arden rojos sin embargo entre los pálidos ojos 
y todo lo que mira de alguien antes fue,
debieran dar un paso para atrás antes de otro que merme ese zaguán,
para pagar dolores prevenidos no ha de usarse plata del ahorro
y si en los dedos ilesos de guerras emprendidas  no hay sombra de anillo
o rencores vividos en dramas de corral...nueva estás y ya ilesa
también trazada tu vida con pinceles perfectos,
aunque sea la imagen de una dueña pasada ama de este lugar
del que nunca se ha marchado,
la que tiene con trazos de avaro carboncillo 
en la cama,  el jardín, incluso en la vajilla...
Traes tus ornamentos por ser joven y ser bella,
y una mejor paleta y la brocha ancha y nueva
y pintura del rojo de tus labios callados,
la labor es tapar con tu cuerpo febril
las noches y los besos de ese inmenso pasado...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
• Copyright ©
 ( La ilustración es de Chie Yoshii )

lunes, 13 de abril de 2015

VELEIDADES / Poesía de José Ignacio Restrepo



A ALGUNA
Sándalo viene pegado del recuerdo
que tiene rostro pero ha perdido el nombre,
ya debe estar casada
y cortejada
por dos retoños que la llaman madre
a toda hora y sin nada de respeto
pues ella es lo único que tienen,
el mundo que le da
orden a todo...
Era su pelo largo y muy sedoso,
de un negro fuerte y azabache
que la hacía presumir sin menoscabo,
cada que lo tocaba yo o el viento...
otros vinieron a darle forma y tedio
a los quehaceres inmensos
de su cuerpo...
y yo los vi pasar dos o tres veces,
por los límites ciertos
de su cuarto...
Solo pude medir su canto bello,
 la diligencia de su hacer cariño
en el tiempo que pude responder
y ella hizo preguntas,
luego fuimos a sitios divergentes
yo hacia el alba de alguien renovado,
y ella justo al poniente
de mi olvido...
y aún verdea mi mente en su recuerdo
con mi esposa acostada
a este otro lado...
Dormida puede amarme ella no sabe,
incluso cuando vengo a este jardín
a herir en mis deseos lo imposible
y tejerlo con pulso y diligencia
como médico que aprieta el bisturí,
ella sabe que tengo un huerto breve
pasando el filo intenso
por los años,
acaso veinte ya
de este recuerdo,
recorriendo su espalda por completo
y el gemido de su espléndida garganta
que nombra un gran placer
que  ahora no tengo...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
• Copyright ©

jueves, 9 de abril de 2015

TRAS EL GOLPE DEL HERRERO / Poesía de José Ignacio Restrepo


AMPOLLADO


Y fue verlo venir
el síntoma,
para luego caer sobre la reja
con todas esas costras que ya llevo
levantadas,
ardiendo,
igual que leí sienten alguna vez
los que cargan la lepra sobre si
pero también todos los testigos,
el hedor de la vida,
la perenne madeja de dolor
ensartada en el hálito maldito
de ese deber ser de llegar vivo
para morir
sobre el último latido...

En el rostro dormido por andar despierto
recibí el golpe de la reja
pero ya venía sumido en somnolencias
dejadas a mi afán por cientos de años
en la piel niña aun a los cincuenta,
luego todo calmose entre la bruma
de no poder decir
ni aun sabiendo
qué es eso de ser el propio síntoma,
qué cosa significa
que el mundo se convierta en la baranda
donde andan tus pasos
instintivos,
con lo ancha que puede ser la calle,
funámbulos del alba hasta la noche,
y si ese peligro desabrido
de irte golpeando así de fácil se hace visible
cada que pones nombres a las cosas,
se cumple hoy que levantas a solas
esa barrera de pobre cuasimodo
que lleva el tono de angustia
de la muerte
marcando el derrotero de su sombra,
qué te puedo decir...

Es que no hay lucha que sea bienvenida
ni sufrimiento vestido de placer,
hay que decir la verdad
aunque nos duela,
llegamos a servir un cruel poder
que es acéfalo como todos dicen
apenas porque intacta la cabeza
de mil haceres,
decires,
potestades,
no puedes ver...
desde aquí donde estás no puedes ver,
eres brazos, o boca, o ano puro,
sirves para el reclamo
que es dolor
cuando otro que te escucha se alimenta
de eso que te dice tú no ves,
esa vana virtud
que a él lo alienta...
tú ya sabes que todo es una lona
con la farsa pintada para ver,
y atrás está la quema,
la sangrada llanura donde no hay ya siembra
ni la hubo nunca...
El síntoma,
acantonado entre tus ojos como soldado malherido,
señalando el camino donde ver,
y callando esa maldita vocación tuya del alma
que ponía colores sin razón
a lo que de raiz traía su negro,
y un pizarra decaído, un gris de asilo
atado por los bordes,
para dejar noticia,
una poca,
del paso de una herida virtud.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
Copyright ©