viernes, 29 de mayo de 2015

ENTRE LETRAS CALLADAS... / Poesía de José Ignacio Restrepo


AL TACTO AMOR


Apológica presencia 
del tacto que tiene ojos...
Sucede cuando miro a mi través
juntando lo mejor con ambas manos
como si fueran flores del rastrojo
que dentro tengo sembradas para vos
desde el lejano día en que te ví
y supe que serías para mí...
Voces con que te llamo
si de hinojos
sé lejos en el tiempo y la distancia
que estás pensando cosas qué decirme
cuando llegues y mires que aquí estoy,
sembrando con mis letras tus altares,
pagando lo prestado
entre tu cuerpo,
panacea de todos mis dolores,
y de ese sinsabor que hay en la vida
por haberla soñado antes de verla
por tenerla a mi lado y escondida,
y mirarla ayer volando en la azotea,
mariposa extrañada, día veintiuno,
tratando de meterse a nuestra casa
por la ventana cerrada
para morirse tibia y a cobijo,
acostando sus colores en mi cama,
polvo de mis altares desprolijos
que tú siempre recoges,
mujer de mis hendijas taciturna
la que trae la vista empapelada
y forra de mil grises mis paredes
con esa boca roja allí al final,
coloreando el lugar que ata mi mano
cerca al closet, cerca a mi nochero,
devolviéndome la voz cada que quiere
después de yo esconderla entre poemas,
llamándome al valor, la reciedumbre
botándome botones de claveles
desde el balcón semejante a algún altar
de una iglesia sin dioses...
Apológica presencia
del tacto de sus ojos,
que libera mis monstruos anodinos
y los vuelve corderos,
en sus manos calladas, siempre hermosas
que olvidaron las quejas y el sufrir
para tocarme todo, todo...todo,
y luego necesaria musa viva, 
que entre sus rotos labios me inaugura
y convierte en un himno ese pedir,
hazme amor un poema mientras duermo,
cerraré ya los ojos tú describe
de qué cosa gozamos cuando al tacto
con los ojos cerrados nos tocamos,
un poema que cante a mi silencio
y que me haga feliz...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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jueves, 21 de mayo de 2015

AL FUEGO QUE NO QUEMA... / Poesía de José Ignacio Restrepo


REVERBERO

O el renglón
que se tira en estampida
bajo suertes probables pero inciertas,
sabiendo que el mañana ya es el hoy,
que lo ayer encontrado se perdió...
y que en este deseo de mil formas
espera vocinglera la quietud
para decirle
calma...
o la tela de la araña, 
pendiente de la llegada 
de uno a uno todos tus olvidos, 
para envolverlos en su labia prosélita, 
hija de tus suspiros superiores, 
madre del final que nunca llega, 
hermana media de tu nueva pasión, 
la de mirar adentro, 
sobre, 
atrás...
dejando intacto todo, 
mientras corres como ángel 
por las frías cornisas...
 Nadie tiene por miel 
el pegote de algún recuerdo triste, 
pero a diario se baña - y no lo miente- 
sobre aguas cascadas que lo llaman, 
poniendo nombres, 
calles, fechas, brumas, 
sobre cielos perlados de esperanzas...
Tienen cuerpo las manos que nos tocan 
cuando a solas cerramos a la luz,
 nuestros párpados plenos de lascivia, 
y tocamos lo que haya 
en la ardiente atalaya de una boca....
Sueña allí donde te toque,
a ese algo de piel sálvale ritos de tibieza
que no se mueran nunca,
como estos...
 Perdida está la guerra 
por detener el curso insoslayable de la vida, 
entonces juntar las bocas 
donde los gritos callaron hace tiempo, 
y llevarlas recogidas a las playas 
donde el sol supura su extrañeza, 
su cotidiana levedad sin mundo,
es un paso feliz,
un gozo que se pinta adentro...
Donde haya muchos pocos se desean, 
donde pocos se miren...
los ojos yacen como perdidos
en la barata búsqueda de nada,
esa feliz fortuna
que adentro se nos gasta...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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martes, 19 de mayo de 2015

DONDE LOS HORIZONTES UNEN TODO / Poesía de José Ignacio Restrepo



TIERRA Y CIELO


Como aves entristecidas y salvadas, 
las nubes prometen algo que no cumplen, 
cada vez que clarean u oscurecen
nombrando sin querer
nuestros recuerdos...
Nos dicen al oído
simplemente
que bajarían el cielo si pudieran,
pero solo se dejan mal pintar
en este atardecido viento gris
que promete coser un cielo herido 
y devolver a la noche sus quimeras, 
cuando timblan como hojas,
como olas,
cuando pasan del gris al ocre negro
y en el grito sombrío nombran todo
menos al cielo inmenso...
O al bello mar que aleja el horizonte
donde sombras y hombres 
se ven juntas...
Profesas cielo ignaros evangelios
de colores sin fe, sin esperanza
y tienes grabado en el cielo como organza
 ese dolor amable de tus ecos, 
la virtud de decir sin murmurar
las palabras dormidas de algún sol
solo hechas de dolor,
sobre las hojas
que al verde despertaron

antes de ser quemadas sin contar...
y al que mira hacia arriba en su solemne
búsqueda de lo tibio y de lo eterno
darle como misión buscar remansos,
fuentes de agua 
sin ruta ni sepelio,
pues palpita ante el cielo compungido, 
y en un vuelo de sombra 
su entereza, 
encuentra uno tras otro los motivos
para que sobreviva a lo vivido, 
y a la amarga salud de la tristeza 
que lo llama desde arriba bienvenido,
a esas nubes fornidas negro claro
que lo llaman amante
bienvenido...
Nadie más que tus ecos despeñados, 
tu virtud y belleza, 
tus palabras altas para el cielo,
que no encuentra el embrujo de la amada
y el sendero
y la huella con sus pasos...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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