lunes, 28 de septiembre de 2015

¿LLEGARÁ EL MENSAJERO? / Poesía de José Ignacio Restrepo



TERCER DESEO


Espero una voz como todas las noches
que traiga entre su juego de atar desanudando
mi vivo malestar por habitar sin miedo
este lugar que duele,
sangrado, despintado...
le pido que mis runas las traiga
son mis fichas
que traiga suficientes, que no olvide al amor,
que envuelva entre calor los mansos ideogramas
que retarden mi huida al fervor de la cama,
ese templo de cristal donde acaba la vida
hasta el siguiente día...
Me tomo con cuidado mi caliente té
sorbiendo delicado al genio que allí mora,
lo miro sin mirarlo, 
le hablo, lo demando,
obligándolo a ver lo que vive en mis ojos,
a orientar sus vocablos en ávido esperanto,
si yo no sé signar y acaso desconozco,
con su voz por bandera lo fundo cerca mío
gitanamente hablando,
me lo cargo completo
a ese genio ocupado, forastero de empeños,
que en nombre de los míos
hace pie y me conversa,
sobre amores capaces y esos otros rendidos
que en el vapor del té
dicen sueño cumplido...
Luego cuando se va como azul forajido
pongo al lado la taza
y habito la cobija,
donde dormida errante
está la genia mía...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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sábado, 26 de septiembre de 2015

CURADAS GRIETAS, LO MENOS / Poesía de José Ignacio Restrepo



ÁRBOL CAÍDO



Este fiero país alto en los bordes, 
bajo si lo pones de costado, 
¿no será un antiguo cartomante 
que partió cualquier día tarde
con la meta tatuada entre los ojos? 
...y perdió en el esfuerzo de llegar
su dulzura querida, altisonante,
tranzada en el esfuerzo con la guerra 
por diez curadas grietas que de lejos 
parecen cicatrices feas...
Está ahora despierto, 
entre versos de paz o de querella, 
bellos versos pintados en la piedra 
como hábil recuerdo de su paso...
Cualquier lazada, sabes, puede ser la postrera, 
aunque diga la historia que fue fallo,
 que la piel cuarteada por el uso
no resistió la usura del olvido, 
que el alma se atrancó en la esquina vieja, 
que no medio palabra de sustento...
pero salió con bien, el verso es prueba
aunque sea el dolor un bien prolijo,
un árbol que está muerto, ahora,
y duerme sin llorar sobre la hierba...
Este fiero país,
lodazales ya secos que corrompen
la marcha de los niños a la escuela,
desganada, entre todo silenciosa,
sin ventanas que miren de las casas
ni ojos que despidan,
el dolor de yacer indeseables,
desnudos mientras otros miran...
esta marcha que llega a cualquier parte,
en el agua del río,
en la tormenta,
en el árbol caído y hecho leña,
en tu dolor o el mío...
al final, somos aves de corral,
importancia tenemos, comúnmente,
servidos en un plato,
aderezos a un lado
y en el otro ordenados
como verso perfecto,
los cubiertos...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO 

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lunes, 21 de septiembre de 2015

DOS POR UNO / Poesía de José Ignacio Restrepo


DÍAS DE CIRCO


Domesticado hedor 
que vive sin permiso en mi nariz
legado de algún circo que ha llegado
y ahora tiene las horas contadas 
cuatro niños que vengan enlazados
vestidos con impávida ilusión
entrarán con un solo boleto...
reciben en la calle las entradas 
de manos de un payaso virulento
para esta y la próxima función, 
duplicando mentidos atributos 
para llenar de aplausos la tribuna, 
mientras sube en mi cuerpo el mal olor,
hay tigres dominados con dolor
cambiado por el hambre que lo come,
elefantes que mienten soledades
entre olvidos sinceros,
y hienas que aprendieron a llorar
en la arena bajo luces de neón
y como todos piensa que son risas
con risas se les paga,
su llanto que no para...
ya sabes que no irás ni regalado, 
ni aunque fuera el último rincón 
para buscar la fe dilapidada,
  mientras sacas un fósforo y lo quemas 
para por tal sencilla estratagema 
mudar lo que quedó en las secas fosas, 
esas capas rocosas 
donde ha habido gripe mas no hoy...

Y el poeta saltándose la norma 
de pensar y pedir pulsos orando, 
cuando tiemblan los sueños esmaltados 
como recién nacidos en sus manos, 
no es un saltimbanqui bien dotado 
ni sabe dos  rutinas de trapecio, 
le da miedo mirar por la ventana 
o caminar para atrás a ojo tapado, 
y cuando toma alcohol lo hace sentado 
porque le da pudor emborracharse 
y no alcanzar la silla del ayer 
cuando toque sentarse...
Qué te puedo decir si ya tomaste 
ese falso brebaje que te guardas 
para pedirte dejadas y cernidas 
clemencias por liar adoloridas 
tus añejas vivencias, 
hoy dormita el pasado pero ayer 
te vio en fraterna errancia por quererlo, 
sin decir bellos nombres pues son falsos, 
ni enervar la razón cual monumento 
que yace destruido sobre el suelo 
con tus relieves ávidos de tacto 
y tu mansa laxitud muerta de risa
pues se sabe cadáver descompuesto 
perdido regresando de la guerra...
Hoy llevas el vaho de tu aliento 
escarchado sudando como nieve 
dibujando palotes en el espejo 
cuando llora sin más una tormenta, 
viendo tu sed limpia enarbolando 
la pregunta sincera, 
¿dónde está el agua regada de tus antes, 
dónde la perdida cantimplora? 
y de su fiel rescate programado 
tantas noches perdidas 
qué ha sido del rumbo, vida mías... 
Quién quedó con el mapa, 
la prueba de que hubo algún combate, 
el antes y el después en fino yugo 
unidos por la virtud de la ceguera 
y el sabor de la miel sobre la cera
dulce, cara y cantante 
que apenas brotaba de una flor 
o de un tierno abecedario
extendida como sudor sobre la nata 
si tocaba por error tu blanca piel...
se volvía poema...
Verdad es que los míticos lamentos 
se nos convierten voz sin ser llamados, 
mientras encaballamos los presentes 
de esfuerzos siniestrados,
luchando comedidos con la fe 
tan fría como hielo, 
la palabra como tonto escudo...
 y un yelmo de vidrio en la cabeza
frente al circo convertido en mundo 
que se ofrece en ciego sacrificio...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
Copyright ©

sábado, 19 de septiembre de 2015

ENTRE MIGAS DE PAN Y EN SOLEDAD / Poesía de José Ignacio Restrepo


EVENTUALES


...y todos esos que viajan dentro nuestro, 
agolpados, sin saber muy bien 
cómo llegaron hasta aquí, 
o si existen ilesos del tiempo, 
gritando, 
tomando por su fe protagonismo, 
mientras madre, 
muerta, 
musita desde lo alto del dintel, 
niños, callen ya...
es hora de mi siesta...
Hacinados,
tomando por los bordes
esos suaves recuerdos entre dormidos
con gusto a chocolate blanco,
a cuajada,
 a almíbar tomado del ombligo,
pasado,
retoñados a fuerza de tedio,
estrujados para que quepan en el mismo instante,
vestidos con las pijamas viejas
que se quedaron pequeñas 
en el trajín de crecernos,
y madre, 
muerta, revivida,
gritando desde el techo de la cocina,
ya está listo el almuerzo,
venid,
se os puede enfriar la sopa de acelga,
los rábanos están aún por cortar,
¿quién ha osado poner sin mi permiso
esas flores, esas feas semillas,
en el centro de mesa?
...vengan ya,
dejen éso,
después debemos ir a misa...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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jueves, 17 de septiembre de 2015

AL MENOS VEINTICUATRO HORAS / Poesía de José Ignacio Restrepo


UNO SOLO...UNO SOLO


Volver,
regresar por los pasillos ansiados
con sus cuadros callados y elocuentes,
alargados de días que no acaban
para llegar a noches delicadas
cuando entran todos a olvidar
dónde están, quiénes son, a qué le apuestan,
como almas de ignorados trashumantes
que solo quieren pasar a este lugar
para encontrar a otros como ellos
en la mesa del bar frente a su vaso
de alcohol sideral
frío y brillante...

Recoger la huella que dejé
para cuando volviera sin culparme
y tomar del suelo sin preguntas
los pasos que dejé de tiempo atrás,
saber que aunque esto está igual,
han mudado de sitio la matera
donde antes decía bienvenidos,
y el alumbrado es nuevo y digital
igual que el equipo musical
que parece mover todo lo móvil
de lo duro que suena...

Y la gente parece ser más nueva,
los rostros lucen menos arrugados
y esos que bailan sin parar
de hecho podrían ser mis hijos...
al llegar mi pedido solo miro
los ocho años y medio que pasaron
y pienso sin pensar por un momento
que no parece ser el escondrijo
para abrigar mi sincera condolencia,
miro entonces a la derecha y a la izquierda
y veo que no hay nadie que repare..
el ron se queda allí sin consumirse
con la cuenta y algo de propina,
salgo sin despedirme como siempre,
luego veo la luz desde la esquina,
es la jugada correcta,
tengo algo de soda en la cocina
e intacta la memoria del quehacer,
si voy a cometer algún error
que sea uno nuevo
por favor...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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jueves, 10 de septiembre de 2015

DESIDERATA / Poesía de José Ignacio Restrepo


ORACIÓN DE MAR



Hacer de faro,
noble fuente de luz
que alumbra el sin hacer de los guijarros...
ver los seres pequeños y grandes salir a comer,
y las olas que no tienen nombre
acunándose todas para ver llegar 
la vejez del ancho mar.
Solo eso,
vencer los deseos que fueron y los de hoy,
parpadeantes luceros que nos guían
y mueven alabanzas
en el sueño con el nombre grabado,
bienes prometidos
como hechos clamados y cumplidos
que así como llegaron ya se fueron.
Hacer de faro,
de cubierto,
de vianda, de apetito, de mesa
ponerse una bandera tricolor
y bañarse en el mar de los intentos,
dejando que el cielo, ese fortín,
nos diga qué es lo vano y lo oneroso...
porque no puede haber problema cierto
que no sea vencido por el tiempo
y tampoco deseo necesario
que no convierta sed o muerte o ayuno,
en un faro que tenga brillo diurno,
y nos cierre los ojos
a todo lo que sea un bien opuesto,
obstáculo a todo lo importante,
un gusto inoportuno...
Hacer de faro y pan,
pan y maestro,
que tenga la palabra guía propio
y brote casta y firme,
y sea ese vigor intuitivo para todo el que la oiga
su alimento...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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lunes, 7 de septiembre de 2015

QUÉ DECIR DE LAS BOCAS QUE NO QUEMAN.../ Poesía de José Ignacio Restrepo


DE FUEGOS Y NIEVES


Bajo el crucifijo
que tiene días de no hablar
y por eso a veces me parece que está vivo,
para lanzar mi trazado de improperios
y terminar de a posta por hacer 
mi rito de fines en la blanca pared,
pintada con mis afanes y mis deudas hace tiempo
de un blanco tempestad, un blanco hueso,
un blanco de cáncer terminal,
y el martillo se apropia de la fuerza insalubre de mi mano,
mansa, elocuente, desolada, ardiente,
comienza a lanzarse como piola a su trompo,
como mendrugo al azar, como granada al enemigo,
y la pared de lo dicho y lo callado poco a poco
ve su forma transformarse,
hasta quedar de añicos conformada en esta base
de lo que debe ser dicho, 
lo que de real ya ha sido pronunciado,
o callado en el montón de fonemas derivados,
boca de pan, besos dislocados y perfectos,
rojo de rouge que lame y peca solo,
cuando dejas que haga campamento entre tu rostro
y de perfectos deseos el viento y su ilusión
son solo algo para ver que falta,
boca de inmensos sueños que ya no son compatibles
con tu edad,
hermana de tu sed hecha en el circo
lugar de nacimiento de todos los poemas,
sobre todo los que ya no puedes ver,
esos escritos perfectos
y suicidas...
Pero llega la comandante de este sitio
para poner orden en los bergajos pensamientos
nacidos de la ira de estar solo 
y de esta incompetencia de reglar
lo que fue y lo que viene...
hijos desmantelados del soñar,
del fracasado instinto de ordenar afuera
lo que solo adentro
dispone del oxígeno sirviente
para decir el cómo de este cuándo,
el qué y algún con quién
que pueda ser en vida algo decente
y no semilla y muerte que se trilla...
Con la pared tendida como sueño hecho de lava
este amable volcán su afán de no decir desencadena,
y se entrega a los gustos de la piel
que al final para éso está la noche,
y no quiere nombrar,
de otra palabra ser azucarado...
de un talud que lo abarca y hace nido en su boca
brota más delicada que si fuera remera entre oleaje ralo,
esa dueña de todo que aún, díselo hoy, no sabe nada,
para erigir poemas destacados 
donde apoyar la tibia boca suya...
Pongo sal en mis dedos y la tomo
con la fuerza disléxica del ciego,
y la nombro en silencio nacarado,
una vez,
otra vez,
hasta impartir en medio del poema el signo del silencio,
y entonces sin permiso ella se apoya
con la boca primero,
ayudada del manto de sus ojos,
y reparte los mil veinte poemas que trae para darme
oprimiendo con todas esas letras lo magno de su sello...
y pierdo la memoria,
no me deja opción distinta de ésa,
la pierdo, la desdoblo, la desnuco,
la envuelvo y la meto en una caja,
pues el gusto por esas delicadas y broncas, magnas y servidas,
palabras de otros fuegos bien nacidas
apoyadas en mis dos labios ya suyos,
son como aves que vuelan
y a más alto que llegan más conocen
sobre el aire que aman y sostiene,
este rito de fuego
que un día casi muere entre la nieve...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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