martes, 22 de diciembre de 2015

ESCENAS DE LA FIESTA.../ Poesía de José Ignacio Restrepo



ESTAMPA

Lejana la vocación de amar la estampa,
padre,
madre,
pequeño recién nacido,
una vaca atrás,
un mulo gris,
novedades...estrellas que se aquietan,
hombres sabios viajando
para llegar a visitar este lugar...
y dar piedras valiosas por regalo...
Dos mil años pasaron
pero puede ser de un minuto el nacimiento
en la favela oscura y levantada
con dos hojas de asbesto reparadas
y unas llantas de sobra,
una joven familia errante y pobre
que solo tiene por norte su deseo
de no dejarse echar
aún más abajo,
están ahí,
los veo...

Veo pesebres hoy por donde voy,
nacidos de la luz por donde miro...
Estampas de sin razones que gobiernan,
su observación me hace ponderar
el filo desarmado de la idea,
la cruel filosofía que cedió
el lugar de lo cierto y verdadero
al culto desalmado ante el valor,
no hay nada como el credo en lo vendible
para ver derribarse en cauto son
el sueño por lo mejor y lo posible...
Todos pasan corriendo,
el centro comercial abre de noche
para que vayan todos a comprar
aquello que les quita y nada da
- lo que pueden adquirir con los billetes
que les dieron ayer
como jornal -

Delicada la estampa
de un mozuelo sucio y desgarbado,
dando agua de su pote a un perro viejo
que luego come trozos de salchicha
de la mano engrasada del muchacho,
son puros sobrados de otra mesa,
sobras de una ajena navidad
que nada tiene que ver
con esta fiesta,
la de morar en otro mientras miras
como le cae de bien esa comida
como alimenta
ese deseo de serse allí en el otro
cuando le das un trozo de lo tuyo,
no lo que sobra sino lo necesario,
oro de Midas, almas que se nutren,
una estampa
que llena
como si fuera de verdad
cena bendita...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 11 de diciembre de 2015

BOTELLA ADENTRO... / Poesía de José Ignacio Restrepo



SOLAR COGNITIVO


Mi última ebriedad aún transcurre...
Su lento encallamiento me enamora
y no sé qué licor sin etiqueta
me hace salir sin ropa ni maleta
por las calles de dios
de este vil sitio
donde pese a mi favor
nadie se tuerce,
ni los ojos descansa de mirar,
cerrándolos de bruces contra el cielo,
como hago yo al entrar a cualquier día
cual si fuera tufo de capellán,
o zoológico sin reja o cuidador
con caminos montados por desuso
y lágrimas de sangre
que aún lloran ser lastre
por los muros...

Invito con mi voz
a los presentes,
pero nadie responde,
simplemente no hay barra en donde atarse,
ni sillas o mesas o paredes,
mi grácil borrachera marcha lenta
por la cómica estancia de mi adentro
y en turbias letanías me repite
- el lugar está hermoso,
su buen gusto
habla bien por usted...guarde silencio -

En la gesta mordaz de ésto decir
para que en cientos de ecos
se deshaga,
lo menos que pensé fue que pasara
mi atado subconsciente como paje
y me dijera lo bien que me vestí,
lo útil de un espejo por aquí,
donde  no existe uno...

Le repito, toma una bicicleta
y márchate antes de que te ate
conmigo al catre donde estoy dormido...
pero de nada vale,
en una risa aviesa y galopante
me dice con los ojos comatosos,
por dios, cómo no ve,
atados vamos hace mucho tiempo,
conozco de memoria sus destierros
 y las palabras sucias por lo urgentes...
Estar borracho no es tan diferente
a comenzar un viaje sin dinero...
y desatendiendo las voces de los astros
comenzar a andar algún camino
y no ése que indican las estrellas,
incluso desmintiendo a quien lo afirma,
es mejor salir de afán
desnudo y ebrio
a cumplir una cita con la noche
que dudar de encontrar tras el derroche
un mágico camino
de regreso...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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lunes, 7 de diciembre de 2015

DULCE HORA / Poesía de José Ignacio Restrepo



HACIA EL SUEÑO


Como una caricia 
que durara para siempre, 
la palabra que invita al descanso 
y lo surte de promesas corregidas, 
tiene el don del apio maduro y el anís, 
llama al sueño 
y de lindas liturgias lo pondera, 
mientras en la mirada del otro que se duerme 
frota un don que no se ve 
pero definitivamente se siente...

Verla dormir después 
es como un premio inmerecido, 
tomo la manta 
y sin pedirle permiso voy tras de ella, 
perfecta sembrando y cosechando sueños, 
perfecta dando caricias 
que antes no le pedía y ahora imploro, 
sobre todo cuando la hallo 
en un pasillo de algún laberinto 
que frecuentamos...
Tomados de las manos 
nos leemos otra vez el texto 
donde dice qué trae entre las manos 
esa vieja quimera que a otros da miedo 
y a nosotros solo nos pone a sonreír, 
hechizados como vamos 
en este viaje sin tiempo...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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martes, 1 de diciembre de 2015

...PARECEN HUIDOS DE UN POBRE CUARTEL.../ Poesía de José Ignacio Restrepo



SE MARCHA EL MUNDO


Asomado a la ventana
- que por estos tiempos 
hace de muda tercianaria
con mi frente que ya muda hacia marchita
y mi boca que ante todo calla -
hago feligresía matutina
para ver qué pasa por la calle,
dos perros
que parecen huidos de un cuartel,
un muchacho entre hurgando en la basura
y un corredor que tiene en las orejas
un concierto de rock,
que casi podría decir cuándo pasó
de lo duro que suena,
una mujer que va para la iglesia
con la cara demudada de dolor
orando
pues se marcha el mundo,
entre torpes bandazos desiguales
y el que llega poco les agrada,
por no decir
que en todo les aterra...

Un muchacho, un corredor, una señora,
dos perros,
un poeta que avizora,
el mundo que parece despegar
para dar con sus vueltas otro día
y buscar en esta cuerda floja
anudar lo que deba ser juntado
y soltar
lo que atado en mala forma
aquello que no debió ir nunca junto,
tiempo del que pide la señora
que debe hacer tres casas del rosario
antes de poner un pie en la iglesia,
tiempo
que no tiene el corredor
que corre contra el cuando el reloj
le avisa en un zumbido que llegó
y aún, cómo pasó, faltan tres cuadras...
Tiempo 
que le sobra desde siempre al basurero
pues no cree que llegue
a parte alguna...

Tiempo, ese gigante adolecido
que le conversa al poeta en el oído,
nada de lo que dice es agradable,
nada
puede con sus aforismos repetir
o a los oídos místicos de nadie,
ni pintar con sus gráficas virtudes
en las letras de un muro levantado,
tiempo que ya cansado lo derriba
y hace que cierre impulsivo la ventana,
para seguir sorbiendo su café,
sentado nuevamente
en un mustio rezongo
ignorando sin más
su paso por el mundo...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
Copyright ©