lunes, 28 de marzo de 2016

TODOS SOMOS, QUÉ SOMOS.../ Poesía de José Ignacio Restrepo


SIN LLUVIA


Cuándo llegarán las lluvias,
preguntan acaloradas almas que no saben
que la lluvia de ayer ha sido la última,
y empieza sin remedio
un calor sin descanso ni esperanza,
un calor de indómita largura
que secará los lagos, las quebradas,
los manantiales cortos y escondidos,
y los riachuelos aún no bien nacidos
que no constan en mapas,
ni por núbiles son reconocidos,
o estudiados por aguateros
apreciadores de la vida y la palabra...

Se acabaron las lluvias, mis hermanos,
del cielo solo habrá crueles veranos,
arderán como infiernos desbocados
las laderas, los bosques, las llanuras,
sin que podamos hacer para apagarlas
más que rezos y cantos componer,
igual que hicieron druidas hace tiempo
en sus viejos y amados monasterios...

¡Lloverá!
dice cualquiera sin cuidado,
lo ha leído hace un minuto nada menos
en el Financial Times que compró ahora,
y todos se lo creen al oírlo,
pues claro, queremos que sea cierto,
que su deseo tenga que cumplirse,
sin lluvia no hay futuro
y sin embargo,
nadie ahora parece comprender
que ha llegado la hora de cambiar,
nos sorprendió la muerte de la vida
tal como la entendimos,
que feliz hora sin lluvia la que pasa...
quizá podamos todos entender
que la lluvia no acabó... 
fuimos nosotros...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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lunes, 21 de marzo de 2016

DEL AMOR BIEN LIBRADO / Poesía de José Ignacio Restrepo


BODEGÓN CON SOLEDAD



Sorprende
verla ataviada
con luces de incipiente soledad,
esperando a que llegue un viento pleno
que recuerde en su cara que la vida
está hecha de siniestros y belleza,
de momentos de álgida sorpresa
y minutos de honra por la muerte
que vestida llegó de suerte ayer
para uno que ya
no quería la vida...

Sorprende verla pálida y encinta
con los ojos abiertos más que ayer,
envuelta en el sagrado quehacer
de nombrar en silencio lo innombrable,
tejiendo con agujas ese suéter
para alguien querido,
mientras pasan los autos y el café
se le enfría en las manos...
Juega a olvidar un nombre viejo
que a ella ya la ha olvidado,
contándose las pecas de las manos
en el cuero curtido,
castrado del amor
y ya algo ajado..

Sorprende que vigile sus clientes
en esa calle oscura y peligrosa,
que no se ha vuelto mala o recelosa
a pesar de perder lo más querido
y que aún te sonría para hablar
y no te hable de números en rojo,
que un chiste corto cuente
y se quede a llorar
con el que pasa el puente
varias veces,
sin saber cómo hacerlo...
sin alas es tan difícil volar...

Sorprende que conserve 
el bello nombre
que su madre le puso hace treinta años,
y que la ha distinguido en la locura
de no quererse más,
que los ojos le brillen y sonría
al que la llama puta con razón,
y que llegue a su cuarto a mediodía
por la ración completa de amor puro
que todo ser merece...
y salude a su niña con caricias
mientras paga a la precoz niñera...
y luego estar a solas con María,
cuatro años que no tienen la culpa, 
que no tendrá motivos de llorar...

Sorprende verla bella
levantando a su nena
en el zaguán...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 11 de marzo de 2016

LA CEREZA ARRIBA DEL HELADO / Poesía de José Ignacio Restrepo



REGALO 


No conocer tu casa pero saber
cómo ocurre el parto de la luz
en los albores de tu alma...
no saber la canción que dignificas
cuando lavas, mujer,
cuando tu afán
merece simple
el nombre de algún hombre
que pasa por tus labios y sonríes
o por dentro del bies de tus retinas
canta su ausencia
y humedece tus ojos...

Y sin embargo ser en la ilusión
dejada por la fe algún bello día
ese hombre que mimas...
no ser ni poco de ti y sin embargo
hacer de tu nombre mi regalo
con un perfecto moño...
Y llegar a esta fecha junto a ti,
como mago en maroma inesperada
que saliera de tu más bella maceta
en zaranda perfecta, leve..alada...
un sabio colibrí que te conoce,
te conoce y te ama...

Y el calor de tus manos esperando
mientras estás detenida en la baranda...
solo soy un recuerdo del pasado
que de nuevo ha cruzado por tu mente
superando los vínculos del hoy
sobre aquello que llamas importante,
solo un rostro quizá de un transeúnte
semejante a algún rasgo, a mi sonrisa,
nada que algo de prisa no supere
y coloque en su justa dimensión,
para no hacer del aire una canción
ni un silencio que clame entristecido,
en este minuto tuyo como todos
pero sin culpa tuya
también minuto mío...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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domingo, 6 de marzo de 2016

CADA SEGUNDO QUE CANTO / Poesía de José Ignacio Restrepo



DOCE COLUMNAS VIVAS


Doce fervientes creyentes
con su rostro de ángeles
sentados en una fila
esperando por quién, no saben, en mi propio laberinto
después que los azares del cansino descanso
hubieran destapado el encurtido
de ese minuto laxo y verdadero amigo
que se gastó danzando sin mover los pies,
cantando sin templar y destemplar
nuestras cuerdas vocales,
ni voltear los ojos de color incierto
para buscar el cómo de otro modo,
y decirle al que vive sin pagar
en esta pieza austera y sin ventana,
espera,
son tan solo horas,
en el iris abierto y repetido,
podrás sentir la luz  y ver adentro
la magnífica obra irrepetible
que se llama mañana...

Y esos doce magnates de verdad
que se hacen al frente perturbados,
para decir qué hacer y qué no hacer
se quedarán dormidos en tu mano,
tras la verdad silente y presentida
que reza sin orar hoy otra vez,
no existe la manera de tener
el seguro cascado en el gatillo
para poder sin duda disparar
y acertar en el centro del instante,
ni humilde ante el envión
tampoco con el don del arrogante,
que siente que lo puede repetir,
que es amo y señor de su destino,
sabiendo que es bestial el desatino
del que así lo pretende...

Es mejor
serenamente entrar...
quedarse a pernoctar en el pasillo,
una noche, dos noches...
sin deshacer la cama
ni entrar a servir los alimentos
en la propia cocina,
asumir que en el gozo de yacer
el cuerpo está completo, no tiene hambre,
no existe el sueño o el descanso,
solo ese minuto tan perfecto
de estar deslumbrándonos adentro,
porque yace a nuestro lado esa fortuna,
que podemos en curso de observar
la verdad del magnate comprender,
y recibir el todo por la parte...
mientras el agua crece sobre el río
y la voz que lanzamos en un canto
lleva el eco nutrido
a cualquier parte...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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