viernes, 10 de marzo de 2017

UN LUGAR SIN GUERRA / Poesía de José Ignacio Restrepo


MUELLE PARA DOS


Salí a nombrar los anhelos nacidos 
el pasado mes de marzo
que tienen ya treinta días de dormir y despertarse,
de esperar cabildo abierto,
y encontrarse con su rostro
o al menos entre reproches
mojando de llanto el mío...
parece ser buena tarde para vestir conjeturas
y aspirar a hacer diabluras como muchachos sin norte...
acaso también prospere mi llamada de auxilio
que brota tibia y sesgada por delirios ahorrados
en el alma resabiada de galeote cincuentón,
evidente en mi mirada cuando ella entra por la puerta,
hasta que me dice hola, 
amor, 
qué hay de cenar...
y me avengo a conquistar con mi mejor ensalada,
y mi pan frío con ajo, y mi copa de sangría
esa viajera alegría que ella tiene en la mañana.

Esos anhelos nacidos de mirarla batallar
tienen nombre hecho de tactos caídos y levantados,
asombrados de silencios que aspiran solo a tentar
en la presencia del otro una palabra sincera,
tienen cara de salmuera donde nadaban las ostras,
que no llegaron a ser un menú sofisticado
por motivo de un enfado
del que luego nos reímos...
y hay uno dulcificado por estos años vividos
donde tuvimos tertulias para hablar de la paciencia
y aunque alguna vez salió el egoísta mezquino
a poner sus condiciones para no decir adiós,
eran muchos más que dos los que luego se abrazaban,
y levantaban de nuevo el puerto para ese barco
que desde un mar o de otro
se posaba muy cansado,
y con ganas de quedarse a vivir en ese muelle,
porque éso tiene el mundo,
tristezas, frío y tormento
que en el cuerpo del amado a fe pueden olvidarse
aunque sea algunas horas de ahorrar pingües anhelos
cobijados en el sueño de los deseos cumplidos.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 1 de marzo de 2017

DONDE NO LLEGAN LAS MANOS / Poesía de José Ignacio Restrepo


FARDO CALLADO



De esos ojos cansados
que se mecían sin permiso
sobre las verjas clavadas en mi espalda,
puedo escribir sin pena,
sin temor,
años completos,
glosas sin comas, ni puntos,
ni renglón,
como en un rin de muchos boxeadores
sin un árbitro que sepa de las reglas
o pueda dominar por su tamaño
el ambiente viciado
entre el inicio
y el final del colofón.

De llevarlos sobre mi
como eccema latente,
y no poderlos quitar
ni aunque medie el deseo,
llevo el rostro de pan, las manos de marino
que sin muy bien saber
cómo pasa u ocurre,
saben de un mil oficios
que olvidaron lo otros,
que a nadie le enseñan 
por cuotas a las diez,
cuando riñe el olvido de todo lo prosaico
y se vuelve el ahora liso barro en las manos...

Larga fila de verbos cortando vieja tela
para cubrir los ojos,
los ojos que me miran,
y este caer de espaldas,
este lance de angustias
con cientos de conjueces sin labor conocida,
el día que se gasta en las retinas sueltas
por su hacer en la guerra,
por vender maleficios...
y ese vidrio en la cara
haciendo de anteojo,
ventana es que la llaman
mientras cae la lluvia...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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