martes, 13 de octubre de 2020

SOLÍCITA LA PIEL QUE SIENTE SIN REPROCHES / Poesía de José Ignacio Restrepo

 
DEL TIEMPO


Vestido para hallar una novia cantante
que sirva de compás para la sorda noche,
sale mi sortilegio con las manos abiertas,
en los dedos anillos de un brillo mensajero,
y en los nudillos señas de que ya no hay pelea
que convoque a mi espíritu igual a cómo lo hace
la ribera insalvable de un rápido amorío.
La pregunta camina guardada entre mi traje,
que ansía ser la sombra de un vestido ceñido,
que deje ver la forma de un cuerpo cincelado,
que lleva a una mujer caminando a mi lado...
El tiempo nos conmueve si miramos el cielo,
tan quieto, tan usual, como ciego arcipreste,
por éso se solaza la vista temerosa
en las piedras del lado, en la rivera verde,
y en el río sereno que transcurre a este lado,
sin color y sin nombre de la vida sin muerte...
Pero es la vanagloria del tema repetido,
este que abre los ojos para ir al amor,
a prendarse del tacto que busca y lo recorre,
sabe más que cualquiera del corto plenilunio,
donde vive acallada la paz y la belleza,
que todo es un regalo, que no existe fortín,
y que el paso del tiempo a todo lo consume,
la miel más adorada se nos convierte en hiel...
Tómala de la boca, que el placer no se canse,
que las manos honrosas hagan mapas en ella
y las pieles se junten de la noche a la tarde,
pues llegará el oscuro cargado de aspavientos,
pidiendo sin cesar lo nuestro como suyo,
y no tendremos más que entregar lo más bello,
dormido entre cubiertas que muestran lo mejor,
entregarlo en las manos de quien no tiene rostro,
regalarlo llorando, gimiendo como niños,
mientras se dan la vuelta los días inefables
donde fuimos felices
del alba hasta la tarde...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO

lunes, 5 de octubre de 2020

PAPELES TOMADOS DEL SUELO / Poesía de José Ignacio Restrepo



SOBRES DEL SUELO


Eccemas de acercarse a remirar,
de rascarse el alma y traerse flores
a tumbas que no cavas  para nadie
que no seas tú mismo en otra parte,
alabada circunspección que no libera,
no hidrata, no derriba cruel frontera,
y advierte con un grito genuflexo,
que donde mana sangre
no te duele.

De los sufridos bienes elegir
el que menos nos pese en largo viaje,
cuya forma aristas no posea
que nos hieran igual que un mustio ultraje;
del color puede acaso uno decir
que el gris es apenas adecuado,
porque el azul semeja un crudo cielo,
y ese no es buen lugar 
para perder o hallar un equipaje.

El llanto por perdidas aptitudes
que solo entre ideales se tuvieron,
debe durar lo mismo que la lluvia
que cae en los áridos veranos,
dos minutos de escasa complacencia,
que nos deje mirar al fondo de algo,
la vacía botella de licor
o un sereno e inútil padrenuestro.

Y desganados un sobre recoger
que traiga de algún lado un estipendio,
cuando puedas saber de quién proviene
por la firma que trae cual bordado,
siempre puede el amor caernos bien
aunque sea muy adentro de la tripa,
es como ese guisado que no irrita,
y menos si lo comemos en la noche,
acompañados de un libro de poemas
que no tiene el autor en parte alguna,
y se parece un poco a uno tuyo
que tampoco recuerdas claramente,
como para moverte a la disputa
sin que haya contendor reconocido...

Heridas que son rosas espinadas
tenues como pintura japonesa
que por no haber olor son inventadas,
puedes ver tiradas en la cama, 
a la espera de saber que sigue luego
de que les hagas caricias para dos...
mansas llegan y nobles a la cena
como si fueran putas extranjeras
que venden sus dolores y aspavientos
junto con casquivanas, lisonjeras,
virtudes que no ves pero imaginas
como lazos de adviento,
para el dedo que avisa al corazón
que aunque te piensas vivo
ya estas muerto...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
 • Copyright © 

viernes, 4 de septiembre de 2020

GRITA LA GUERRA PARA QUE ABRAN PASO / Poesía de José Ignacio Restrepo

 
CONTAR LOS QUE SE VAN


No quieren las sombras malheridas
de la noche brotar muertas o vivas
con el único objeto de vestir
un paso difuso que se aleja,
y adueñarse de quien quiere llegar
con vida y aliento hasta su casa,
así ésta sea un puente...
No quieren saber las sombras sucias
que son cubierta dócil, mal llamada,
del ruido de un fusil que se dispara
apuntando a tender algún decoro
que tenga nombre y piel,
y gente que lo espera
a bien juntarse
a enlazar un desahogo,
a amarse...
No la sombra que aturde
como un viento ingrácil,
que tumba los tejados por labor
y asola los sembrados ya por dar
algún fruto esperado,
sino el lugar adiestrado por el sol
donde se hacen humanos,
a libar una fría,
a conversar,
después de dar la mano,
refrendar la amistad, verter alientos,
mientras brotan humanas las palabras
ocupando sin más
el sagrado lugar de un manso viento...
No la sombra de guerra destacada
en las hojas tristes de papel
cuando cada jornada trae el llanto,
y se cuentan los muertos,
que cayeron sin dar justa razón,
porque abatida la vida va cansada
y paren las mujeres mientras lloran
cualquier dura jornada,
en la misión sagrada de soñar
con un sitio mejor...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
En la foto, personas se acuestan en la plaza de Tlatelolco, 
en recordatorio de la matanza de estudiantes. 
(AFP/GETTY IMAGES/PEDRO PARDO) 

martes, 28 de julio de 2020

LOS NUEVOS COLORES / Poesía de José Ignacio Restrepo


Lodo,
manchando el saco, el blanqueado cuello,
el borde del sombrero
y la corbata,
de aquel que no se ve pero se queda,
y resiste el lavado suspicaz
que restriega y restriega en una parte,
aunque limpio se vea...
Lodo, de la clase que salta de la barda
cuando un charco de agua la golpea
al paso de algún coche,
que ya va retardado con su dueño
quien hoy no lo maneja,
y que busca y encuentra al diligente
que cuida de la higiene de la mente
-la que lleva muerta ya hace años-
doblándose acertado la muñeca
de la clara camisa,
para que en un momento vespertino
la desdoble tranquilo,
y pueda ver el plácido color
sin gota que lo manche de sudor,
y en mágica maroma
se musite,
con sonrisa de un lado,
tan limpio como cuando me la puse
hace horas callado...
Lodo, inoloro, que habita entre los ojos
de quien huye al mugre que revela,
su no hacer para cumplir la ley,
su dadivosa mano que bien pide
aquello que merece por lograr
que lo justo se vuelva un bien gastado,
porque voltea mano, codo, cara,
si debe hoy  ignorar
la mancha brava,
de quien actúa mal y en contra de otros...
jueces son, o agentes de la ley
aquellos que lo llevan bien calado
en la ropa del alma
o algún lado,
y prevarican por gusto a cualquier hora
pues la práctica se pierde si no hacen 
de la verdad mentira
y de la luz
la más oscura esquina...
Lodo 
que se abate rotundo, amangualado,
viajando por el aire en dos segundos,
y encuentra sobre cuál Judas caer,
o ante cuál vil hereje de cien causas,
para que vean los otros
con cuidado,
si el ramo cortado es de verdad
o solo flores secas
hace tiempo colgadas de un techumbre,
inmoladas sin más,
en un recuerdo vivas
luego muertas...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO

jueves, 23 de julio de 2020

SE DEVUELVEN LAS CARTAS SIN REMITE / Poesía de José Ignacio Restrepo

FERMENTO


Y en el rastrillo inmundo de la muerte, 
donde vamos todos agarrados 
desde el frágil momento de alumbrarnos, 
haciendo con la mano un nudo ciego
o tomados del cordón rumbo al ombligo, 
y desde allí a la luz, 
esa de la cual nada aún entendemos,
elaborando rutas con los ojos,
destinos sin relieve allí esperando 
a que demos el mejor ahínco, 
la fragua, ese quemón, el vínculo, 
toda la apuesta hecha para el siempre, 
mientras el nunca mira sin ver nuestra caída
disponiendo las nueve zancadillas
que tiene entre sus pies guardadas...

No pasará la muerte y su rastrillo 
enloquecidos ángeles cayendo 
se llevan lo mejor y lo peor, 
y ese segundo sin tino utilitario 
siendo el postrero ese, el del inicio...
No pasará, 
lo afirmo ahora desde lo más profundo 
que no queda en el alma ni en los ojos
sino en la inicial episteme del lenguaje, 
una sórdida quimera que aún besa 
la enmarañada vivienda de algún dios, 
volverá a hacerse humana pese a todo, 
pese a nosotros, a los otros, que sé yo... 
doble o nada...
redondear la apuesta...

Estas muertes dejadas a la herrumbre 
no pasarán, lo sé sin preguntar...
en el borde de la piel y su misterio, 
somos eternos, feroces y temibles...
en este fiel instante en que está todo.

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
Copyright © 

lunes, 13 de julio de 2020

ANIMALES PARA LA TARDE Y LA NOCHE / Poesía de José Ignacio Restrepo




DE SARA

Las iguanas verdes respiran como las aves

Destapada la tarde que lucía
como noche de otoño en fin de abril,
salió para la calle el pensionado
con su barbijo caro y su sombrero
de fieltro avejentado pero limpio...
Con un silbido bajo, sibilante,
que recorrió sin prisas el zaguán
llamó a la contertulia de sus horas,
la adulta pero hermosa iguana verde
que lo acompaña a veces cuando sale,
porque se cree perro de los finos
desde que paró acá sus cuatro patas,
hace un año
o acaso un poco más...

Ella sale tras él sin prisa alguna,
galante y deseosa mira afuera,
el verano que a todo pone brillo
a ella le coloca un tibio esmalte,
que hace que camine por la sombra,
mientras la gente que sabe y los conoce
sonríe ante la impávida pareja,
con rumbo hacia el mercado
como siempre,
a comprar verdolaga y batatilla,
para hacerle el almuerzo.

Leonidas oye el freno de un campero
y mira para atrás preocupado,
Sara para un momento y luego sigue,
y ante el silbido de él
apura el paso...

Al regreso
con los frutos de la tierra
Sarita ya presenta algún desgano,
él la toma del suelo como lo hacen
aquellos que levantan a sus perros,
cuando el camino es largo
y sus paticas
presentan signos reales de cansancio...

Al llegar abre la puerta
y ella entra
serena porque es tierra conocida,
el zaguán se hace corto ante el deseo
de refrescar su cuerpo en la pileta
del interno jardín...
Leonidas del sombrero se deshace
y sonríe ante el cuadro de su esposa,
moradora del cielo ya hace tanto,
y luego llega raudo a la cocina
para hacer el almuerzo,
mientras Sara, la iguana,
le dedica
una mirada larga en el cojín
donde siempre dormita.

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
con Copyright.