lunes, 13 de noviembre de 2017

DE NOCHE LAS LLAMADAS.../ Poesía de José Ignacio Restrepo

POEMA PERDIDO DE LAS DIEZ Y TREINTA


He enviado los últimos saludos decorosos,
que de tanta soledad 
se habían prostituido por muy poco,
y he salido a recuperar lluvias perdidas,
bajamares sin cámara ni encanto,
noches de celestinas compañías,
y clamores de lo hondo de mi alma
por lo que ido está
y en la marea del hoy no se recuerda...

Cantaores al piano y la guitarra
y mujeres que me hacen compañía,
para decirme con los ojos habladores
ya no lo sientas tanto,
hermoso poeta,
tú que das vida al llanto entre macetas
y hueles el porvenir a pleno pecho
no dejes que te confunda
el día a día,
ni vistas tu rostro con sábanas de lirio,
ánimas van y vienen en las manos
mientras alisas el blanco del papel
y pones letras
a tus vivas poesías...

Apretujé las cartas y dudaba,
sin enviarlas o enviármelas,
carajo..
mientras llegaba a la calle del correo 
las perdí 
cual si fueran arroz,
migas de pan...
y seguí caminando calle abajo
hasta encontrar esa luz entre mis ojos
y aquel prestado talle que abracé,
en esa noche larga,
larga, larga,
que sin saber por qué
yo devolví,
sembrado de clamores y guirnaldas...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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jueves, 3 de agosto de 2017

QUERELLAS TIENEN HOY LAS PIELES DELICADAS / Poesía de José Ignacio Restrepo



SOLO RASPONES


Con mis aljibes llenos de sedes exhumadas,
que forman guarda luces 
para iras de amor y otros debacles,
levanto mis azares por cobrar
del suelo donde siempre se mantienen,
amarrando mis clamores revejidos
y mis hoscos silencios constreñidos,
por eras de minutos
que llamo cada rato a la cordura,
monto todo al querido guardapolvo
que va desde el salón a la cocina,
y que hace un año este día justamente,
pinté de gris pizarra,
a pesar del ataque de mi dama,
que lo quería color verde mañana,
un color que hace rato desconozco,
pues levanto mis ganas de vivir
pasado el medio día,
para no sufrir tanto
entre el querer de vivirme
y el morirme
de suave desencanto...

Con el moho cubriendo la nariz
por persistir en esa horizontal
con el suelo por molde a mi molicie
y la vista adherida ante el granito
contando los cuadrados  desteñidos
del piso hasta la alfombra,
sumo y resto mis queridas palabras
filadas, como nunca antes las vi,
aguardando que el llanto me corone
o yo lo venza a él,
como hacen los que ya son solo afecto
por todas esas cosas que cosechan,
los tactos,
los recuerdos singulares,
los otros que viajan adheridos
a ilusiones como yo,
reptantes...
el moho se hace sin pedir permiso
en las entradas gemelas que hacen ver
a la cara como estúpida cerámica,
algo para poner en la repisa
que está allí, a la entrada de la casa...

Con los ojos centrados en las manos
que me miran anónimas, descalzas,
me levanto de este suelo aborigen
y las recojo
con mítico cuidado,
para meterlas en pequeños sobres
y ponerlas de nuevo como estaban
en el mar ancho y doliente
de mi cama.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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martes, 25 de julio de 2017

LAS LETRAS NACEN AL SILENCIO, NO AL REVÉS/ Poesía de José Ignacio Restrepo


PROSAICO


Si somos agua de brevo destilada, descarado ahogo que te acomodas en el alma y bebes de mi alcohol a más de 60, para lavar heridas, deseando regar sobre la mesa su dolor sanguinolento, allí donde están extendidos todos esos dolores atrancados desde el inútil tiempo del colegio, llamar por ese medio a los bomberos, que tengan pálido gesto y pelo largo y se llamen Adriana o Pasteur, o manden por botellas de repuesto, antes de que se acabe lo que hay...Si somos lenta mirada en el espejo, destapando letrinas que no ves con llamas y vertidos de alcanfor, entonces otro traje y otra larvas, para sellar el pacto de no hablar, o hacerlo mientras corren las noticias, sin más antagonismo que el genial, "yo le dije, amigo destacado, que este teatrino amodorrado, muy mal iba a acabar"...

Descarado ahogo que subes por la piel vestido de impávido heroísmo, una vez anteayer, otra vez en el hoy de dolores dilatado, y mañana, antes de que salga el sol diciéndome al oído que yo soy de él, que nada de lo que piense sobre él logrará saldar la vieja deuda, que antaño a mis piernas se sentó y luego se alojó en mis verdes sesos, esos sinceros versos repetidos...nada tiene futuro, toda belleza está en los extramuros a donde tus pies jamás van a llegar, conquistador de altares siniestrados, hombre de yugulares anchas cuya bondad a veces sin razón a él mismo y de primero saca de quicio...
Descarado ahogo de manos enguantadas, que a secuestrado el logro de volar, ese recatado privilegio de hacerlo a solas y en la noche, llenándome el plumaje de esmaltado fango, haciendo inútil el esfuerzo sosegado de convencerme de los válidos sentidos que tiene el ahora, para estar aquí, varado en mi mesa como interlocutor unitario...

Y esta laxa sensación de que tengo los ases en mi mano, aunque nadie los vea, a esta hora, en este instante, aunque ella viva sin fe en el caracol doliente de mi oído, saliendo a que la vea al paso, con una escalera desplegada en la mano izquierda y una tea ardiente en la derecha, alumbrándolo todo...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 23 de junio de 2017

SOÑANDO EN TIEMPOS DE GUERRA / Poesía de José Ignacio Restrepo



SIN VELO


Con las manos atadas
sin embargo bebiendo de mi propio barril
repleto cada noche tarde día de tonadas,
levanto la cabeza provisto de tareas solas
con mi consorte precoz,
que habita desde siempre en mi cerebro,
con algo entre la boca, latente, predispuesto,
y deja ver dolientes etcéteras pudientes,
atafagos de batirme en duelo,
cargas de profundidad cicatrizadas en quelónicos tejidos,
con el estertor continuo de este mundo aleve
situado en la más cochina de las guerras,
la de envejecer sin culpa sosegada
en la que suelen sentirse a gusto casi todos,
qué decir a gusto,
desternillada de risa al ver
las maromas de los posibles supervivientes
que quedan de lado, muertos,
como sus cuerpos quietos
que no superaron este dolido axioma.

Vuelco sobre mi garganta cualquier líquido
que me pueda quemar pieles internas,
desvarío entre el pienso luego existo
para coger por magia sus monedas,
y voy a la ventana a mirar rumiando como llama altiva
esos circos que pasan,
cómo no dar la bienvenida a quien tenga algo nuevo,
para sumar gratuito a la memoria...

Éteres que se elevan,
armisticios sagaces que se rompen,
diseños de mujeres desvestidas que se visten de nuevo,
mientras tose algún trueno una lluvia que desea estar cercana,
y yo tomo alcohol con compostura preguntándome a solas
si ella vendrá con gusto por la piel
o con las sienes hartas de trabajo,
matando la sensual concupiscencia
de esas tibias palabras que nacerán cuando entre por la puerta,
amor, cómo te fue...
te has mojado otra vez,
¿y tu paraguas?


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 16 de junio de 2017

TARDE DE PERROS / Poesía de José Ignacio Restrepo




INHUMANOS


Lo más inhumano
que he escuchado hace años,
que tenga que ver con mascotas y con amos,
me lo contó un vecino hace minutos
y os lo traigo, vivo y tembloroso,
sus palabras llorosas y las mías
de ira almibaradas más que nunca,
para que toméis venganza en vuestras almas
y una palabra gruesa murmuréis,
mirando a quien os oiga, a quien os mire...
porque no somos nada...

Un poodle es arrollado por un auto
y queda malherido...
como puede llega hasta su casa
de donde lo dejan salir
para que no defeque u orine en las estancias,
pero nadie en su paseo le acompaña,
y por éso ha tenido este accidente...
pero,
a verlo llegar sangrante no le abren,
no lo dejan entrar
sino que cierran la puerta ante su cara,
él se queja, llora su dolor,
la gente como en tinglado se aglomera,
empiezan a gritar, 
llega la ley...

Atienden malamente al policía,
y dicen no saber nada del perro,
cosa que niegan adustos los vecinos...
corre peligro el animal sangrante
y el policía promete regresar
con algo más que un regaño...
se llevan corriendo al manso poodle
que en sus manos ha llora ahora cual bebé
que no sabe qué pasa.

Aún no sabemos el destino
de este perrito herido
que no tiene amos,
que no sabía manejar la calle,
y un viernes, sin saber cómo ni porqué
con mucha mala suerte
cayó mal herido en el asfalto,
de una calle cualquiera,
de esta sucia ciudad
llena de infames que se dicen gente.

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 31 de mayo de 2017

HILANDO MURMULLOS / Poesía de José Ignacio Restrepo


SALUDOS


Verdad es que tu hábito es misión
si pulido como vidrio hace su tajo,
en las almas que te tocan aún por suerte
y hacen dos con su amable superficie,
también muerte llenando carne tibia
que hace hoy de corona o sobremesa,
con letras sazonadas de algún karma,
el del que persigue el don sin moratorias
 o el que lee como bribón lo que le llegue
con los codos apoyados en la mesa...
Comensales somos hoy de esta querella,
sólida entre el silencio y el decir,
pueden venir solo ocho o más de mil,
y el fuero de este instante de pelea
los dejará metidos, dislocados,
con sus turbios quehaceres sazonados
de místicos afanes mal logrados,
o pensamientos de sólida gerencia
que no hacen par con mi grafía libre...

A qué venir para pintar bosquejos
de las quejas unidas con cabuya
mientras el mundo estalla en mil pedazos,
valdrá decir de ésto una palabra
que sirva de audaz progenitura
poniendo en otros ojos la misión
que hace tiempo elegí sin bien saber
que dar fe de la opción de la palabra
es un sino que va atado a la cintura,
del cual no nos podemos deshacer
aunque cosamos la boca con alambre
o pactemos un sello aletargado,
con amores de miel de hálito inmenso,
cuya dueña y causante aun ignora
cómo fue que pasó,
pese a ello nos sigue sin censura
atada a nuestra piel y nuestro cejo,
con los pelos largos de cuidar
nuestro lienzo tenaz e inacabado
que permanece allí, testigo mudo,
sin nunca terminar lo dibujado,
en unidad al blasón de su cintura...

A qué venir, para dar cuál esmerada
nueva noticia que todos ya conocen,
quitando esa sal almibarada
que tan a tiempo pongo para mi,
cuando la angustia de estar sin ron aquí
hace huecos tallados en mi alma,
pienso que solo alcanza para mi,
y miro para atrás, y solo veo,
amigos del sentir que no conozco
y que siguen conmigo hace ya tiempo
a pesar de ser solo extranjeros.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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Ilustración de Rae Caesar