jueves, 3 de agosto de 2017

QUERELLAS TIENEN HOY LAS PIELES DELICADAS / Poesía de José Ignacio Restrepo



SOLO RASPONES


Con mis aljibes llenos de sedes exhumadas,
que forman guarda luces 
para iras de amor y otros debacles,
levanto mis azares por cobrar
del suelo donde siempre se mantienen,
amarrando mis clamores revejidos
y mis hoscos silencios constreñidos,
por eras de minutos
que llamo cada rato a la cordura,
monto todo al querido guardapolvo
que va desde el salón a la cocina,
y que hace un año este día justamente,
pinté de gris pizarra,
a pesar del ataque de mi dama,
que lo quería color verde mañana,
un color que hace rato desconozco,
pues levanto mis ganas de vivir
pasado el medio día,
para no sufrir tanto
entre el querer de vivirme
y el morirme
de suave desencanto...

Con el moho cubriendo la nariz
por persistir en esa horizontal
con el suelo por molde a mi molicie
y la vista adherida ante el granito
contando los cuadrados  desteñidos
del piso hasta la alfombra,
sumo y resto mis queridas palabras
filadas, como nunca antes las vi,
aguardando que el llanto me corone
o yo lo venza a él,
como hacen los que ya son solo afecto
por todas esas cosas que cosechan,
los tactos,
los recuerdos singulares,
los otros que viajan adheridos
a ilusiones como yo,
reptantes...
el moho se hace sin pedir permiso
en las entradas gemelas que hacen ver
a la cara como estúpida cerámica,
algo para poner en la repisa
que está allí, a la entrada de la casa...

Con los ojos centrados en las manos
que me miran anónimas, descalzas,
me levanto de este suelo aborigen
y las recojo
con mítico cuidado,
para meterlas en pequeños sobres
y ponerlas de nuevo como estaban
en el mar ancho y doliente
de mi cama.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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martes, 25 de julio de 2017

LAS LETRAS NACEN AL SILENCIO, NO AL REVÉS/ Poesía de José Ignacio Restrepo


PROSAICO


Si somos agua de brevo destilada, descarado ahogo que te acomodas en el alma y bebes de mi alcohol a más de 60, para lavar heridas, deseando regar sobre la mesa su dolor sanguinolento, allí donde están extendidos todos esos dolores atrancados desde el inútil tiempo del colegio, llamar por ese medio a los bomberos, que tengan pálido gesto y pelo largo y se llamen Adriana o Pasteur, o manden por botellas de repuesto, antes de que se acabe lo que hay...Si somos lenta mirada en el espejo, destapando letrinas que no ves con llamas y vertidos de alcanfor, entonces otro traje y otra larvas, para sellar el pacto de no hablar, o hacerlo mientras corren las noticias, sin más antagonismo que el genial, "yo le dije, amigo destacado, que este teatrino amodorrado, muy mal iba a acabar"...

Descarado ahogo que subes por la piel vestido de impávido heroísmo, una vez anteayer, otra vez en el hoy de dolores dilatado, y mañana, antes de que salga el sol diciéndome al oído que yo soy de él, que nada de lo que piense sobre él logrará saldar la vieja deuda, que antaño a mis piernas se sentó y luego se alojó en mis verdes sesos, esos sinceros versos repetidos...nada tiene futuro, toda belleza está en los extramuros a donde tus pies jamás van a llegar, conquistador de altares siniestrados, hombre de yugulares anchas cuya bondad a veces sin razón a él mismo y de primero saca de quicio...
Descarado ahogo de manos enguantadas, que a secuestrado el logro de volar, ese recatado privilegio de hacerlo a solas y en la noche, llenándome el plumaje de esmaltado fango, haciendo inútil el esfuerzo sosegado de convencerme de los válidos sentidos que tiene el ahora, para estar aquí, varado en mi mesa como interlocutor unitario...

Y esta laxa sensación de que tengo los ases en mi mano, aunque nadie los vea, a esta hora, en este instante, aunque ella viva sin fe en el caracol doliente de mi oído, saliendo a que la vea al paso, con una escalera desplegada en la mano izquierda y una tea ardiente en la derecha, alumbrándolo todo...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 23 de junio de 2017

SOÑANDO EN TIEMPOS DE GUERRA / Poesía de José Ignacio Restrepo



SIN VELO


Con las manos atadas
sin embargo bebiendo de mi propio barril
repleto cada noche tarde día de tonadas,
levanto la cabeza provisto de tareas solas
con mi consorte precoz,
que habita desde siempre en mi cerebro,
con algo entre la boca, latente, predispuesto,
y deja ver dolientes etcéteras pudientes,
atafagos de batirme en duelo,
cargas de profundidad cicatrizadas en quelónicos tejidos,
con el estertor continuo de este mundo aleve
situado en la más cochina de las guerras,
la de envejecer sin culpa sosegada
en la que suelen sentirse a gusto casi todos,
qué decir a gusto,
desternillada de risa al ver
las maromas de los posibles supervivientes
que quedan de lado, muertos,
como sus cuerpos quietos
que no superaron este dolido axioma.

Vuelco sobre mi garganta cualquier líquido
que me pueda quemar pieles internas,
desvarío entre el pienso luego existo
para coger por magia sus monedas,
y voy a la ventana a mirar rumiando como llama altiva
esos circos que pasan,
cómo no dar la bienvenida a quien tenga algo nuevo,
para sumar gratuito a la memoria...

Éteres que se elevan,
armisticios sagaces que se rompen,
diseños de mujeres desvestidas que se visten de nuevo,
mientras tose algún trueno una lluvia que desea estar cercana,
y yo tomo alcohol con compostura preguntándome a solas
si ella vendrá con gusto por la piel
o con las sienes hartas de trabajo,
matando la sensual concupiscencia
de esas tibias palabras que nacerán cuando entre por la puerta,
amor, cómo te fue...
te has mojado otra vez,
¿y tu paraguas?


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 16 de junio de 2017

TARDE DE PERROS / Poesía de José Ignacio Restrepo




INHUMANOS


Lo más inhumano
que he escuchado hace años,
que tenga que ver con mascotas y con amos,
me lo contó un vecino hace minutos
y os lo traigo, vivo y tembloroso,
sus palabras llorosas y las mías
de ira almibaradas más que nunca,
para que toméis venganza en vuestras almas
y una palabra gruesa murmuréis,
mirando a quien os oiga, a quien os mire...
porque no somos nada...

Un poodle es arrollado por un auto
y queda malherido...
como puede llega hasta su casa
de donde lo dejan salir
para que no defeque u orine en las estancias,
pero nadie en su paseo le acompaña,
y por éso ha tenido este accidente...
pero,
a verlo llegar sangrante no le abren,
no lo dejan entrar
sino que cierran la puerta ante su cara,
él se queja, llora su dolor,
la gente como en tinglado se aglomera,
empiezan a gritar, 
llega la ley...

Atienden malamente al policía,
y dicen no saber nada del perro,
cosa que niegan adustos los vecinos...
corre peligro el animal sangrante
y el policía promete regresar
con algo más que un regaño...
se llevan corriendo al manso poodle
que en sus manos ha llora ahora cual bebé
que no sabe qué pasa.

Aún no sabemos el destino
de este perrito herido
que no tiene amos,
que no sabía manejar la calle,
y un viernes, sin saber cómo ni porqué
con mucha mala suerte
cayó mal herido en el asfalto,
de una calle cualquiera,
de esta sucia ciudad
llena de infames que se dicen gente.

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 31 de mayo de 2017

HILANDO MURMULLOS / Poesía de José Ignacio Restrepo


SALUDOS


Verdad es que tu hábito es misión
si pulido como vidrio hace su tajo,
en las almas que te tocan aún por suerte
y hacen dos con su amable superficie,
también muerte llenando carne tibia
que hace hoy de corona o sobremesa,
con letras sazonadas de algún karma,
el del que persigue el don sin moratorias
 o el que lee como bribón lo que le llegue
con los codos apoyados en la mesa...
Comensales somos hoy de esta querella,
sólida entre el silencio y el decir,
pueden venir solo ocho o más de mil,
y el fuero de este instante de pelea
los dejará metidos, dislocados,
con sus turbios quehaceres sazonados
de místicos afanes mal logrados,
o pensamientos de sólida gerencia
que no hacen par con mi grafía libre...

A qué venir para pintar bosquejos
de las quejas unidas con cabuya
mientras el mundo estalla en mil pedazos,
valdrá decir de ésto una palabra
que sirva de audaz progenitura
poniendo en otros ojos la misión
que hace tiempo elegí sin bien saber
que dar fe de la opción de la palabra
es un sino que va atado a la cintura,
del cual no nos podemos deshacer
aunque cosamos la boca con alambre
o pactemos un sello aletargado,
con amores de miel de hálito inmenso,
cuya dueña y causante aun ignora
cómo fue que pasó,
pese a ello nos sigue sin censura
atada a nuestra piel y nuestro cejo,
con los pelos largos de cuidar
nuestro lienzo tenaz e inacabado
que permanece allí, testigo mudo,
sin nunca terminar lo dibujado,
en unidad al blasón de su cintura...

A qué venir, para dar cuál esmerada
nueva noticia que todos ya conocen,
quitando esa sal almibarada
que tan a tiempo pongo para mi,
cuando la angustia de estar sin ron aquí
hace huecos tallados en mi alma,
pienso que solo alcanza para mi,
y miro para atrás, y solo veo,
amigos del sentir que no conozco
y que siguen conmigo hace ya tiempo
a pesar de ser solo extranjeros.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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Ilustración de Rae Caesar

martes, 9 de mayo de 2017

SIN COMPRAR EL BILLETE NADA GANAS / Poesía de José Ignacio Restrepo


USTED


Sepa entender usted testigo mudo
de su te vé apagado y su sofá,
que ese peligro inmenso de salir
a ver la calle arder, es de verdad,
y que rozarse en el metro con los otros
o a pleno ya sin afán y sudoroso
en el último colectivo,
es de verdad,
el suelo, el aire
están llenos de microbios
y en los ojos hay almas que asesinan
que no eligieron aún mejor guarida
y pueden bien hallarla en tu desván...

Sépalo bien, ya no hay seguridad,
todos los karmas cual baraja
mal mezclada
van por el aire viajando predispuestos
para aparcarse en las veredas de las caras,
e irrumpen sin llamar nunca a la puerta
en las almas latrocinias y viriles,
que se piensan mejores que las otras
y solo ven el peligro en lo diverso,
en todo lo que las mueve
o las distancia,
mientras fundan enemistades con su perro
negándole a la boca lo que el quiere...
Usted no es tan distinto de aguamalas
que cansadas dormitan en la playa,
confiándose de pie no soliviar
y menos de orines tener que soportar
por no cuidarse de angostar el sueño
en el calor del mar
y no en el cieno...

Usted que sueña entonces lo conspicuo
para ahorrarle trabajos al trasero
y todavía piensa que es ahorro
aquello que no gasta en la jornada,
déjeme sostenerle la mirada
y ampliarle un poco el pálido horizonte:
sin comprar al menos un billete
nadie gana jamás la lotería,
y tendrá que alborotar algo el cabello
si dogmas quiere por fin ver en el suelo...
al menos la docena que ha incubado
quedándose a mirar allí parado,
viendo cómo se pasan las jornadas
mirándolas sin paz desde el solaz
rectangular y seguro
- piensa usted -
del vidrio de doble faz de su ventana...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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Imagen de Max Sauco

lunes, 3 de abril de 2017

ONCEAVO GRITO / Poesía de José Ignacio Restrepo


DEL RISCO



Tienen saliva ajena los oxidados garfios
de los que penden sin vida los recuerdos,
y las imágenes tenues, disecadas
claman desde hace tiempo sepultura,
vos las sacas de su cajón sombrío
y las revives a punta de codazos
como si fueras siempre antagonista
de lo propio y resueltamente muerto,
enemigo de tu antes y tu ahora
mientras canas te pintas en el pelo...

Y lo ajeno que puedas encontrar
está allí por la fuerza de tu trato
no por argucias finas celestinas,
ni por que cartas redentoras...
es tu mente de atrios y callejas
que llevan bien tu marca reteñida,
que no quieres quitar como si haces
con las cosas presentes que te llaman
y de vida transpiran sin pudor...

Pones el aldabón en off de a posta
y así nadie te llama ni molesta,
y el álbum de recuerdos se abre solo
en el más perentorio, indecoroso,
que exhala su vaivén y siempre apesta...
derivadas, cortantes y sinuosas
pasan las llamaradas en tu mente
mientras suena una voz,
un ya, descansa, para...no te dañes...
son apenas las cuatro de la tarde,
¿qué mal te hace el día por favor,
si tú eres un poeta bendecido
en las mentes de otros ruiseñor?


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 10 de marzo de 2017

UN LUGAR SIN GUERRA / Poesía de José Ignacio Restrepo


MUELLE PARA DOS


Salí a nombrar los anhelos nacidos 
el pasado mes de marzo
que tienen ya treinta días de dormir y despertarse,
de esperar cabildo abierto,
y encontrarse con su rostro
o al menos entre reproches
mojando de llanto el mío...
parece ser buena tarde para vestir conjeturas
y aspirar a hacer diabluras como muchachos sin norte...
acaso también prospere mi llamada de auxilio
que brota tibia y sesgada por delirios ahorrados
en el alma resabiada de galeote cincuentón,
evidente en mi mirada cuando ella entra por la puerta,
hasta que me dice hola, 
amor, 
qué hay de cenar...
y me avengo a conquistar con mi mejor ensalada,
y mi pan frío con ajo, y mi copa de sangría
esa viajera alegría que ella tiene en la mañana.

Esos anhelos nacidos de mirarla batallar
tienen nombre hecho de tactos caídos y levantados,
asombrados de silencios que aspiran solo a tentar
en la presencia del otro una palabra sincera,
tienen cara de salmuera donde nadaban las ostras,
que no llegaron a ser un menú sofisticado
por motivo de un enfado
del que luego nos reímos...
y hay uno dulcificado por estos años vividos
donde tuvimos tertulias para hablar de la paciencia
y aunque alguna vez salió el egoísta mezquino
a poner sus condiciones para no decir adiós,
eran muchos más que dos los que luego se abrazaban,
y levantaban de nuevo el puerto para ese barco
que desde un mar o de otro
se posaba muy cansado,
y con ganas de quedarse a vivir en ese muelle,
porque éso tiene el mundo,
tristezas, frío y tormento
que en el cuerpo del amado a fe pueden olvidarse
aunque sea algunas horas de ahorrar pingües anhelos
cobijados en el sueño de los deseos cumplidos.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 1 de marzo de 2017

DONDE NO LLEGAN LAS MANOS / Poesía de José Ignacio Restrepo


FARDO CALLADO



De esos ojos cansados
que se mecían sin permiso
sobre las verjas clavadas en mi espalda,
puedo escribir sin pena,
sin temor,
años completos,
glosas sin comas, ni puntos,
ni renglón,
como en un rin de muchos boxeadores
sin un árbitro que sepa de las reglas
o pueda dominar por su tamaño
el ambiente viciado
entre el inicio
y el final del colofón.

De llevarlos sobre mi
como eccema latente,
y no poderlos quitar
ni aunque medie el deseo,
llevo el rostro de pan, las manos de marino
que sin muy bien saber
cómo pasa u ocurre,
saben de un mil oficios
que olvidaron lo otros,
que a nadie le enseñan 
por cuotas a las diez,
cuando riñe el olvido de todo lo prosaico
y se vuelve el ahora liso barro en las manos...

Larga fila de verbos cortando vieja tela
para cubrir los ojos,
los ojos que me miran,
y este caer de espaldas,
este lance de angustias
con cientos de conjueces sin labor conocida,
el día que se gasta en las retinas sueltas
por su hacer en la guerra,
por vender maleficios...
y ese vidrio en la cara
haciendo de anteojo,
ventana es que la llaman
mientras cae la lluvia...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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jueves, 2 de febrero de 2017

LOA SIN FECHA.../ Poesía de José Ignacio Restrepo



SIN LÁGRIMAS


¿Y quién es ese urgido de decir,
dueño de algún motor iconoclasta,
que le deja saber antes que a otros
la maroma inusual de la palabra,
para dentar la rueda ya gastada
que dice más
mientras gritan las nadas,
verbo ensamblado en doce mil acciones
para formar su sólido breviario
en ese vástago emergido de la sal
vertida en un perdido sacrificio
de dos amantes que le dieron vida
hartos de mirar por las ventanas,
de recontar los pasos en rústicos caminos,
e inhalar tonadas vertidas en buen vino
servido en onzas
para tomar en un gotero?

¿Quién es ese émulo de nadie
con tres virtudes pegadas a su alforja,
de ojos distintos
porque miran siempre
poniendo fe delante del temido
fardo pesado que tiene el raciocinio?
Ése que ha andado de abajo para arriba
buscando entre su pecho que respira
algún dintel perfecto, 
esa trama diversa
que ajuste bien con los tonos de su alma
y haga ángulo perfecto
con su piel...

Ése que pactó atrás ser fiel con las palabras
amarlas siempre,
respetarlas siempre,
decir con ellas lo que habita en su oído
con caramelo si habla el corazón,
con rejo puro,
adornado en fuerza,
si hay un dolor durmiendo con su presa
y esta, por dios, ha olvidado defender
ese bien solitario
que es la vida...

¿Quién convocó las noches de sus días
para poner sus labios a decir
tratando de que todo esté en su sitio
aunque su mente plena y estertórea
sufra por relatar de enredaderas
aquel perdido armisticio de crecer,
atadas sin amarse
sobre un muro?


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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lunes, 23 de enero de 2017

BREVES / Poesía de José Ignacio Restrepo


TRAS LA CORRIDA


Quintaesencia del hecho de vivir
con los ojos cerrados si se quiere,
porque abrir a mirar es doloroso
y el alma de dolerse mal supura
como diente podrido,
como pierna alambrada sin motivo,
como mano sembrada de secretos
que luego es castigada 
por llevar silenciosa lo de otros
como si propio fuera...

El diario ya remansa sangre seca
y al viento vuelve y abre
sus hojas entre tinta mal escritas,
queriendo que no estén otros allí,
conocidos del hambre de vivir
por estas tres esquinas...
Oro mientras recuento lo más bello
y me sobran dedos en las manos,
y ramitas de saúco, y azafrán
para poner sobre esas cien heridas
que no pueden verse mas si tocas
como clavo en la frente,
duelen, duelen...

Y esos seres hermosos que ahora crecen
poblando ya las lindes de este infierno,
mientras rogamos mustios y atenidos,
por el bello jardín, por esta selva,
de heridas por hacer, muertos contar
y entierros en silencio tramitar
no en huecos oradados tan a prisa
en la tierra vencida,
sino al fuego que quema todo igual
sin reparos ni salmos escaldados
cantados en un tono desigual...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 4 de enero de 2017

FUEGO VERDE / Poesía de José Ignacio Restrepo



DESDE EL BORDE


Viene un mosco verde,
se posa en ese atávico asidero,
el que exonera engaños posteriores,
el que propone asuetos al silencio,
el que devuelve a las matas tiernas flores
y acaece su rubrica mordaz
sobre llantos de todos lo colores,
el que deja de hacer un aspaviento
para burlar al jeque de dolores,
y atar de esa madera prevenida
sus proféticas ansias aún informes
en bagazos de tiempo diluidas,
 viene ese mosco verde
y me pregunta,
¿dónde están por virtud
sus bellas mierdas
en que poder posarme y dejar libre
este pomo en que usted pone su mano
cada que por virtud abre la puerta?

Lo miro sin saber qué responder...
éso tienen los fines y comienzos,
nos dejan en mitad de la vereda
con las patas lavadas y el dorsal
umbrío de dolores desmarcados,
y puentes sobre ríos que están secos
y no tuvieron nombre sobre el mapa,
con los ojos despiertos
y apurados,
y con muchas tareas por hacer
que en nada cambiarán lo que está puesto,
ni las fichas ni la tabla adolorida,
ni el destino distante de las iras
que se filan
tras de un sutil axioma,
que sea tuyo o mío en nada importa,
o que brote sin más de alguna boca,
mojada de salivas y de llagas
que a nadie provoca...

Y en el quebrado alfeizar de las memorias
una mosca color verde brillante,
famosa desde el Cabo hasta Alicante
por poner sin pedir permiso alguno
su fatiga a mermar sobre las mierdas,
me mira con un toque algo rebelde,
diciéndome quizás
qué hablarás de mi azar, irreverente,
que ya se queda atrás
como los vuelos de mil sobre la nieve
que no puedes saber cómo suceden,
pues te mueres acá,
atado a los segundos inconclusos
de tu afán entre pálido y difuso,
y este poquito de blanco
de alguna pasta de dientes...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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