martes, 9 de mayo de 2017

SIN COMPRAR EL BILLETE NADA GANAS / Poesía de José Ignacio Restrepo


USTED


Sepa entender usted testigo mudo
de su te vé apagado y su sofá,
que ese peligro inmenso de salir
a ver la calle arder, es de verdad,
y que rozarse en el metro con los otros
o a pleno ya sin afán y sudoroso
en el último colectivo,
es de verdad,
el suelo, el aire
están llenos de microbios
y en los ojos hay almas que asesinan
que no eligieron aún mejor guarida
y pueden bien hallarla en tu desván...

Sépalo bien, ya no hay seguridad,
todos los karmas cual baraja
mal mezclada
van por el aire viajando predispuestos
para aparcarse en las veredas de las caras,
e irrumpen sin llamar nunca a la puerta
en las almas latrocinias y viriles,
que se piensan mejores que las otras
y solo ven el peligro en lo diverso,
en todo lo que las mueve
o las distancia,
mientras fundan enemistades con su perro
negándole a la boca lo que el quiere...
Usted no es tan distinto de aguamalas
que cansadas dormitan en la playa,
confiándose de pie no soliviar
y menos de orines tener que soportar
por no cuidarse de angostar el sueño
en el calor del mar
y no en el cieno...

Usted que sueña entonces lo conspicuo
para ahorrarle trabajos al trasero
y todavía piensa que es ahorro
aquello que no gasta en la jornada,
déjeme sostenerle la mirada
y ampliarle un poco el pálido horizonte:
sin comprar al menos un billete
nadie gana jamás la lotería,
y tendrá que alborotar algo el cabello
si dogmas quiere por fin ver en el suelo...
al menos la docena que ha incubado
quedándose a mirar allí parado,
viendo cómo se pasan las jornadas
mirándolas sin paz desde el solaz
rectangular y seguro
- piensa usted -
del vidrio de doble faz de su ventana...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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Imagen de Max Sauco

lunes, 3 de abril de 2017

ONCEAVO GRITO / Poesía de José Ignacio Restrepo


DEL RISCO



Tienen saliva ajena los oxidados garfios
de los que penden sin vida los recuerdos,
y las imágenes tenues, disecadas
claman desde hace tiempo sepultura,
vos las sacas de su cajón sombrío
y las revives a punta de codazos
como si fueras siempre antagonista
de lo propio y resueltamente muerto,
enemigo de tu antes y tu ahora
mientras canas te pintas en el pelo...

Y lo ajeno que puedas encontrar
está allí por la fuerza de tu trato
no por argucias finas celestinas,
ni por que cartas redentoras...
es tu mente de atrios y callejas
que llevan bien tu marca reteñida,
que no quieres quitar como si haces
con las cosas presentes que te llaman
y de vida transpiran sin pudor...

Pones el aldabón en off de a posta
y así nadie te llama ni molesta,
y el álbum de recuerdos se abre solo
en el más perentorio, indecoroso,
que exhala su vaivén y siempre apesta...
derivadas, cortantes y sinuosas
pasan las llamaradas en tu mente
mientras suena una voz,
un ya, descansa, para...no te dañes...
son apenas las cuatro de la tarde,
¿qué mal te hace el día por favor,
si tú eres un poeta bendecido
en las mentes de otros ruiseñor?


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 10 de marzo de 2017

UN LUGAR SIN GUERRA / Poesía de José Ignacio Restrepo


MUELLE PARA DOS


Salí a nombrar los anhelos nacidos 
el pasado mes de marzo
que tienen ya treinta días de dormir y despertarse,
de esperar cabildo abierto,
y encontrarse con su rostro
o al menos entre reproches
mojando de llanto el mío...
parece ser buena tarde para vestir conjeturas
y aspirar a hacer diabluras como muchachos sin norte...
acaso también prospere mi llamada de auxilio
que brota tibia y sesgada por delirios ahorrados
en el alma resabiada de galeote cincuentón,
evidente en mi mirada cuando ella entra por la puerta,
hasta que me dice hola, 
amor, 
qué hay de cenar...
y me avengo a conquistar con mi mejor ensalada,
y mi pan frío con ajo, y mi copa de sangría
esa viajera alegría que ella tiene en la mañana.

Esos anhelos nacidos de mirarla batallar
tienen nombre hecho de tactos caídos y levantados,
asombrados de silencios que aspiran solo a tentar
en la presencia del otro una palabra sincera,
tienen cara de salmuera donde nadaban las ostras,
que no llegaron a ser un menú sofisticado
por motivo de un enfado
del que luego nos reímos...
y hay uno dulcificado por estos años vividos
donde tuvimos tertulias para hablar de la paciencia
y aunque alguna vez salió el egoísta mezquino
a poner sus condiciones para no decir adiós,
eran muchos más que dos los que luego se abrazaban,
y levantaban de nuevo el puerto para ese barco
que desde un mar o de otro
se posaba muy cansado,
y con ganas de quedarse a vivir en ese muelle,
porque éso tiene el mundo,
tristezas, frío y tormento
que en el cuerpo del amado a fe pueden olvidarse
aunque sea algunas horas de ahorrar pingües anhelos
cobijados en el sueño de los deseos cumplidos.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 1 de marzo de 2017

DONDE NO LLEGAN LAS MANOS / Poesía de José Ignacio Restrepo


FARDO CALLADO



De esos ojos cansados
que se mecían sin permiso
sobre las verjas clavadas en mi espalda,
puedo escribir sin pena,
sin temor,
años completos,
glosas sin comas, ni puntos,
ni renglón,
como en un rin de muchos boxeadores
sin un árbitro que sepa de las reglas
o pueda dominar por su tamaño
el ambiente viciado
entre el inicio
y el final del colofón.

De llevarlos sobre mi
como eccema latente,
y no poderlos quitar
ni aunque medie el deseo,
llevo el rostro de pan, las manos de marino
que sin muy bien saber
cómo pasa u ocurre,
saben de un mil oficios
que olvidaron lo otros,
que a nadie le enseñan 
por cuotas a las diez,
cuando riñe el olvido de todo lo prosaico
y se vuelve el ahora liso barro en las manos...

Larga fila de verbos cortando vieja tela
para cubrir los ojos,
los ojos que me miran,
y este caer de espaldas,
este lance de angustias
con cientos de conjueces sin labor conocida,
el día que se gasta en las retinas sueltas
por su hacer en la guerra,
por vender maleficios...
y ese vidrio en la cara
haciendo de anteojo,
ventana es que la llaman
mientras cae la lluvia...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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jueves, 2 de febrero de 2017

LOA SIN FECHA.../ Poesía de José Ignacio Restrepo



SIN LÁGRIMAS


¿Y quién es ese urgido de decir,
dueño de algún motor iconoclasta,
que le deja saber antes que a otros
la maroma inusual de la palabra,
para dentar la rueda ya gastada
que dice más
mientras gritan las nadas,
verbo ensamblado en doce mil acciones
para formar su sólido breviario
en ese vástago emergido de la sal
vertida en un perdido sacrificio
de dos amantes que le dieron vida
hartos de mirar por las ventanas,
de recontar los pasos en rústicos caminos,
e inhalar tonadas vertidas en buen vino
servido en onzas
para tomar en un gotero?

¿Quién es ese émulo de nadie
con tres virtudes pegadas a su alforja,
de ojos distintos
porque miran siempre
poniendo fe delante del temido
fardo pesado que tiene el raciocinio?
Ése que ha andado de abajo para arriba
buscando entre su pecho que respira
algún dintel perfecto, 
esa trama diversa
que ajuste bien con los tonos de su alma
y haga ángulo perfecto
con su piel...

Ése que pactó atrás ser fiel con las palabras
amarlas siempre,
respetarlas siempre,
decir con ellas lo que habita en su oído
con caramelo si habla el corazón,
con rejo puro,
adornado en fuerza,
si hay un dolor durmiendo con su presa
y esta, por dios, ha olvidado defender
ese bien solitario
que es la vida...

¿Quién convocó las noches de sus días
para poner sus labios a decir
tratando de que todo esté en su sitio
aunque su mente plena y estertórea
sufra por relatar de enredaderas
aquel perdido armisticio de crecer,
atadas sin amarse
sobre un muro?


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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lunes, 23 de enero de 2017

BREVES / Poesía de José Ignacio Restrepo


TRAS LA CORRIDA


Quintaesencia del hecho de vivir
con los ojos cerrados si se quiere,
porque abrir a mirar es doloroso
y el alma de dolerse mal supura
como diente podrido,
como pierna alambrada sin motivo,
como mano sembrada de secretos
que luego es castigada 
por llevar silenciosa lo de otros
como si propio fuera...

El diario ya remansa sangre seca
y al viento vuelve y abre
sus hojas entre tinta mal escritas,
queriendo que no estén otros allí,
conocidos del hambre de vivir
por estas tres esquinas...
Oro mientras recuento lo más bello
y me sobran dedos en las manos,
y ramitas de saúco, y azafrán
para poner sobre esas cien heridas
que no pueden verse mas si tocas
como clavo en la frente,
duelen, duelen...

Y esos seres hermosos que ahora crecen
poblando ya las lindes de este infierno,
mientras rogamos mustios y atenidos,
por el bello jardín, por esta selva,
de heridas por hacer, muertos contar
y entierros en silencio tramitar
no en huecos oradados tan a prisa
en la tierra vencida,
sino al fuego que quema todo igual
sin reparos ni salmos escaldados
cantados en un tono desigual...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 4 de enero de 2017

FUEGO VERDE / Poesía de José Ignacio Restrepo



DESDE EL BORDE


Viene un mosco verde,
se posa en ese atávico asidero,
el que exonera engaños posteriores,
el que propone asuetos al silencio,
el que devuelve a las matas tiernas flores
y acaece su rubrica mordaz
sobre llantos de todos lo colores,
el que deja de hacer un aspaviento
para burlar al jeque de dolores,
y atar de esa madera prevenida
sus proféticas ansias aún informes
en bagazos de tiempo diluidas,
 viene ese mosco verde
y me pregunta,
¿dónde están por virtud
sus bellas mierdas
en que poder posarme y dejar libre
este pomo en que usted pone su mano
cada que por virtud abre la puerta?

Lo miro sin saber qué responder...
éso tienen los fines y comienzos,
nos dejan en mitad de la vereda
con las patas lavadas y el dorsal
umbrío de dolores desmarcados,
y puentes sobre ríos que están secos
y no tuvieron nombre sobre el mapa,
con los ojos despiertos
y apurados,
y con muchas tareas por hacer
que en nada cambiarán lo que está puesto,
ni las fichas ni la tabla adolorida,
ni el destino distante de las iras
que se filan
tras de un sutil axioma,
que sea tuyo o mío en nada importa,
o que brote sin más de alguna boca,
mojada de salivas y de llagas
que a nadie provoca...

Y en el quebrado alfeizar de las memorias
una mosca color verde brillante,
famosa desde el Cabo hasta Alicante
por poner sin pedir permiso alguno
su fatiga a mermar sobre las mierdas,
me mira con un toque algo rebelde,
diciéndome quizás
qué hablarás de mi azar, irreverente,
que ya se queda atrás
como los vuelos de mil sobre la nieve
que no puedes saber cómo suceden,
pues te mueres acá,
atado a los segundos inconclusos
de tu afán entre pálido y difuso,
y este poquito de blanco
de alguna pasta de dientes...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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