miércoles, 6 de abril de 2016

VITALES... / Poesía de José Ignacio Restrepo


FRAGOR


Herido pero no de muerte,
repto suave, suave, como ciempiés que no ignora
que todo alrededor alguna vez puede caerse,
romperse por la vena, hartarse de ser, doblarse,
y como no ignoro ser parte
del ofuscado y cierto cataclismo,
ando, repto, me arrastro
con lo mejor que tengo,
el amor por la vida
y el recelo prudente
pues nada sé de éso que otros llaman
el llamado dulce y tenaz
de los acólitos gordos de la muerte...

Baño mis dedos heridos en el agua detenida
que las lluvias hermanas han dejado para otros viajeros,
y musito oraciones que repito desde niño
y que acaso en mi boca hayan perdido el sentido últimamente...
dónde está Dios en este momento de dolor lo necesito,
dónde su sacro poder, su silencio sabio,
su ágape para saciar el hambre,
qué le hizo vagar hasta partir de aquí
como si no hubiera prole suficiente
para que Él dejara su palabra
regada como mies, o como pan,
o como agua que corre
en medio de este drama indiferente.

Herido estoy,
cansado estoy,
con cicatrices regadas por mi cuerpo,
ya parezco algún mapa donde están
los yugos, los maderos, los dolores,
esas vegas desiertas que antes estuvieron plenas
de flores coloridas y anchos llanos...
un mapa que conocen los que huyen
y tuvieron del drama propios hijos...
con las manos lavadas por el agua cielo
y la propia doctrina
guiando cada paso,
vengo hoy y me arrastro, repto, paro,
mientras cesa aquí y al rededor
el fragor incesante de la guerra...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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