jueves, 27 de octubre de 2016

SE PIERDE.../ Poesía de José Ignacio Restrepo



MEMBRESÍA



Un sutil resquemor
habitando entre un pasillo desleído
que se halla abdicando en la memoria
su espacio conventual,
su nácar depurado, 
su virtud de lejano pasado,
en un pudor que abate cada cosa
que tiene su membresía puesta en él
y no en otro lugar ni en otra fecha...
Sonríe desganada el día de hoy
pues su amo comienza el quehacer
de mal recordar todo principiando
por ese nombre engarzado a alguna calle
donde perdió una vez sus documentos,
o el de un antiguo y amado compañero
de quien un chisme falso le alejó,
mientras viva y solvente la vergüenza
latente permanece por semejante acción...
O la forma correcta de decir
en el viejo arameo
- herencia decantada de su abuelo
que también sabía hebreo -
esa palabra hermosa que nostalgia,
amor que nunca falta...

Se detiene a mirar ningún lugar
desde el borde habitado de la mesa,
deja la vista presa, inconmovible,
mientras raudo se cruza años enteros,
celoso como está que sus recuerdos
no pueden diluirse simplemente,
son ellos lo que queda en el final
cuando es merecedora la estación
de la quietud certera y cobijada
en esa silenciosa mecedora
que está allende al jardín...
Sin sus recuerdos pálidos e intactos
no tendrá compañeros fiduciarios
con quienes de nuevo recorrer
al tacto su perfecto Stradivarius,
o el anaquel completo del garage
con esa colección de autos pequeños,
o aquel album de hojas amarillas
llenas de sellos viejos
que le heredó el viajero de su tío,
con quien espacios vivos visitó
hablando horas enteras,
con quien huyó del medio de la guerra
y practicó escribir perfectamente
igual con la derecha, con la izquierda...

Qué los den por perdidos
es la tristeza mayor de esta aventura...
cual cometas sin cielo volarán,
sin saber de su sitio y de quién son,
como luciérnagas presas a un lugar
bordearán las calles y las fuentes
buscando en las ventanas ese brillo
que adentro sienten propio y parecido,
para aparcar allí
a la espera de su amo y su señor,
que lleva una cadena atada al cinto,
en la mitad unida a un viejo yute,
pues le falta un pálido recuerdo
que hacía de benéfico eslabón...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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