jueves, 13 de octubre de 2011

UN REGALO INESPERADO / Poesía de José Ignacio Restrepo

FUE HOY EN LA BICI


El ademán descentrado, decaído,
el cuerpo de uno ochenta desgajado,
sobre el poste de luz un hombre extraño
de talante doblado, oscurecido,
como un árbol que cede,
que está a punto de caer...
que está vencido...
A unos treinta, pensé, está borracho,
el desayuno devuelve de su vientre,
a unos veinte desdije, meditando,
entre juzgarle más o devolverme...
A unos diez lo miré decentemente,
pues no era lo que me dije metros antes,
ni siquiera sospechaba realmente
sobre el poste de luz lo que pasaba...
Ese hombre alto
que de los veinticinco no pasaba,
como milagro de vida se apoyaba,
resollando para a su alma darle aire,
en el cuero de la testa bien rapada
yo le vi dos grandes cicatrices
aun rojas dos T muy bien cerradas,
él me vio que cerca le miraba,
pero no sonrió, 
el trabajo de respirar bien lo apremiaba,
las marcas profundas atestiguaban
que su cabeza motor fue bien abierta
en un momento pretérito cercano...
Una nacía en el cuello y ascendía
hasta el gran septentrión y allí la otra
en rayitas pequeñas le cernía
un trabajo de alta cirugía,
que llegaba a la frente
y fenecía...
El hombre allí de pie, sobreviviente, 
de quién sabe qué guerra por la vida
me miró cuando en frente me detuve,
y mis ojos sin querer abrillantaron...
Le regalé mis ojos y mi voz
con solo una palabra conocida,
que me di tantas veces, muchas veces,
fuerza para seguir en la constancia,
fuerza para nutrirte de ti mismo,
fuerza para paciencia hallar muy dentro
cuando lo que pasó recuerdes y no entiendas,
fuerza para pedir sin casi credo,
fuerza para creer cuando no puedas...

Me alejé unos diez metros, luego veinte,
a los cincuenta solo me detuve...
Él iba caminando como niño,
con temor de caerse pero fuerte,
yo le alcé la derecha
despidiéndome,
y él la suya levantó
agradecido...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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