martes, 2 de junio de 2015

LA VIDA, LA TELA, LA PAZ / Poesía de José Ignacio Restrepo


 PINTAR


El mapa superior y ancho
donde podrían verse por completo
los huesos que me forman,
los cartílagos rojos y rosados
que mantienen  atado el pie del seso,
hoy es más que ayer pues ha crecido
y por eso decido no pintarlo,
los pinceles al vaso,
las témperas cerradas,
los ojos bien abiertos,
la ventana,
restando de las sumas algo nuevo,
algo que ponga en marcha mi reloj
que ha quedado parado...
Lo benigno emerge de mi voz,
atareada en famélicas tareas
cuando extiendo mi mano contra el sol
y veo a su trasluz la magia plena...
Entonces canto más de doce versos
que dan gracias al todo por mi parte
aunque albures me lleguen dolorosos
atados de pasados inconclusos, 
 servidos por mis luces interiores 
con puntos comunes como sogas, 
voy elevando como puentes oraciones
por lo vivo, lo lento y transeunte,
que puede ser hoy mismo pasto al fuego,
tsunami con cien mil rostros pequeños,
entonces en silencio mis nociones
entono como rezo repetido
que ruega que entre tanto se valore
la vida con la muerte
y viceversa...

Los grises y los negros son perfectos 
me dicen los pinceles mientras callo,
dan propiedad y vida a toda tela...
Con respeto limitan los colores
ataviándose de vida entre los ojos, 
sabiendo de fronteras moribundas 
y horizontes que moran sin nosotros,
el ya no puede ser con líneas fijas
y no puede existir sin movimiento
pero cada pincel vive de ser
un ave ensayando nuevos vuelos,
al borde acantilado de la huella..

Se mueve, se adhiere con la tela
en un afán de intensa y momentánea
querella por estar y ser pareja,
dos veces que se vuelven cuatro horas
y luego ya sin tiempo al levitar,
el lienzo deja el blanco en un recuerdo
el cielo surge ebrio...
luego el mar.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO

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