lunes, 30 de julio de 2012

NUNCA VAYAS ALLÍ / Poesía de José Ignacio Restrepo



EL CLUB


Manchas van,
manchas vienen,
recorren estos pasillos de la muerte...
En los gritos y aullidos
se colige
que este sitio no contiene gente,
y las huellas de sangre
que se muestran,
desde el sur hasta el norte
son de garras pequeñas,
y los ecos
son ladridos de animales
que antes fueron amigos,
y hoy son sal de este sucio pugilato,
de este antro barato,
que es llamado
el club de la pelea.

En el centro de la casa abandonada,
estas almas perdidas
que parecen jauría detenida
de un infierno pintado,
han formado una rotonda grande
donde dos canes luchan
con su inmensa desdicha de tener
por amos dos demiurgos de la muerte,
sus berridos maltratan los oídos
pero todos están enardecidos,
muchedumbre vil que quiere sangre,
esclavos del deseo que esclaviza
que replica sin voz
a duras penas,
deja ver algo humano,
a duras penas...

Obligando a animales que antes fueron
amigos de jornada,
de trabajo,
para que dejen heridas en el cuerpo
de otro igual que se lucha su comida,
su celda de alambrada,
su castigo,
estas bestias de guerra,
que ahora bajan o suben
las apuestas,
fueron no hace mucho
cachorros de carita tierna
que esperaban del mundo,
una treta mejor
que este tinglado,
con bestias de pavor
por todo lado.

Diezmos pagan
las pobres almas parcas,
que sufren viviendo en este mundo,
pasajes de angustia y sucio orgullo,
pintados como frescos infernales,
donde campea la muerte vergonzante,
los perros de pelea
tras sus amos,
convertidos en gleba solamente,
pedrusco que se aparta sin mirar,
ya no podemos ni llamarlos gente,
a su pactado dolor con estos perros,
son carne,
mutación,
sangre perdida,
gritando como en álgida herejía,
escenario de inhumano goce
del cual ayer huyeron
empujando sus alas y muy tristes,
unos ángeles que miraban consternados,
este atajo poblado de miseria,
donde perros y amos
se visten de overol
y hacen su fiesta...

JOSÉ IGNACIORESTREPO
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