martes, 29 de julio de 2014

LA MITAD SOSTENIDA DE UNA LÁGRIMA / Poesía de José Ignacio Restrepo


SAVIAS


Hay palabras que son eso que suenan,
saben a lo que hay en nuestra boca
junto al aire habitante cuando escribes…
Parietal, ejercicio, voluntario, 
vil, jardín, atávico o acuario
voces que traen dentro lo que son,
ese puente tendido al logaritmo
de las partes extensas, lo de afuera,
el sentido que alcanza en la tronera
lo que arde a la luz
lejos del dogma…
Hay abismos de solo una pulgada
dormitando en medio de la cara,
y en la órbita aciaga de algún ojo
donde hiciste cuando niño cicatrices,
porque era verdad, veías el sol,
si cerrabas el párpado callado,
su aureola gigante te llenaba,
eras ciego
y el brillo dentro de ti claro cantaba…
Y el modo de decir mientras lo callas,
tu rostro quiere dar pero lo omite,
podrías ser de guerras pero no
prefieres estar solo entre tu alberca
buscando nuevamente al astro sol
como en esos días lejanos de tu infancia,
que sabes musicales pero idos,
susurros alocados o gemidos
que solo la mamá bien comprendía
y que a veces de forma inigualable
a tu pequeño oído
repetía…

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 25 de julio de 2014

CON LUNARES DE ALMIZCLE / Poesía de José Ignacio Restrepo



AGUA TIBIA


Caída la mordaza, presto el tango,
surge mi mano intacta por el hueco
de la redonda alforja o claraboya,
- dependiendo del sitio donde me halle -
diga o calle mi voz de manifiesto
con las palabras lúdicas que amo
y los silencios crónicos que visten
los calores y ensayos que entrevisto...
El cuerpo bajo la ducha pide todo
mientras mudo sudores por higiene,
es mejor la respuesta si está tibia,
llegan voces con nombres de mujeres,
se cantan bien las razones, la desidia,
y de la matinal concupiscencia
habla la libertad en plena fiesta...
Por la puerta entornada veo cosas,
que vomita mi ingrata cornucopia,
piojos, calabacines, mapas medios,
gritos de trampolines y desiertos
que apenas hoy reciben bautizo
en mis ojos zalameros con lo mío...
Es mejor que sea tibia, me socorre,
pues la fría me embiste hasta sacarme
los secretos de mis ansias y pudores,
al vaivén de estas letras ordenadas
nacidas de estampidas de colores,
debo dejar de lado tantas flores
y rociar con mi cieno nauseabundo,
los cuartos de soledad henchida y noble
que tienen recuerdos vastos y dicientes
compartidos con gente maloliente,
traídos por leviatanes de extramuros,
que llevaron permiso de mi nombre,
para sacarle jugo de ladrillo
a cada puesta a punto de mi vida...
Tomo la cornucopia tan dispuesta
en esta tarde anómala de fríos,
y arrugo sus alargadas virulencias
de las que brota aún un verde zumo,
cada ingrávida y breve consecuencia
me escupe de una vez algún resumen
para que de respuestas o raíces,
a este encuentro feliz luego del baño...
La mejor ordenanza de este fajo
tiene cuerpo mulato de francesa,
y mirada de gata con dos vidas,
trae abierto en la mano un cartelito:
"hoy te doy lo que ayer me sugeriste
pues no aguanto la súplica de un dueño,
es todo lo que tengo y no es pequeño,
ordénalo pues parece semilla
de bosque que antes de hoy
pintó el almizcle,
dejando como fiel lo mentiroso"
Por éso estoy contigo, lector triste,
a ésto dando un orden proferido,
supuse que contigo llegarían
los diezmos que pagué no sé bien dónde,
y no me equivoqué,
fuiste oportuno,
solo queda cambiar algo en las vidas
y llevarnos a casa nuestros cosas,
doblar estas vacías cornucopias
y secarnos los llantos destilados,
mientras mustios brindamos con un trago
que repita un adiós corto y sincero,
al pasado banal con nuestros nombres
que a ratos llora solo,
como un niño...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
Copyright ©

lunes, 21 de julio de 2014

Y SE SECAN LAS LÁGRIMAS / Poesía de José Ignacio Restrepo



ODEONES DE SANGRE


Aire de guerra con olor a estafa,
calores que nos cruzan por la cara
mientras los niños explotan en las calles,
donde apenas ayer corrían y gozaban
aunque fuera la pobreza indigna sombra,
tendida y fatal alegoría,
de la mañana tibia hasta la noche
que los cubría con sus negras alas,
transparente y cálidas cual vómito
que se sirviera tibio y en tajadas...
Cardúmenes de ignara presencia
en los cielos que cubren lo plantado,
que son bombas y no algún fuego amigo,
como dice su hermano que es vecino,
recorren en minutos la distancia
de unas casas a otras,
luego estallan,
los cables de la luz caen sin fuerza,
luego se vaporizan las albercas,
y los perros estallan en pedazos
cayendo sin medir sobre los muertos,
inútil repensar el pensamiento,
y coser las malditas vestiduras
para poder romperlas
de vergüenza,
y con el justo dolor de la premura,
del que no ve de frente ni a los lados
porque lleva sus ojos destapados,
regados de los llantos que anteayer
le dejaron rendido y agotado...
Y los ritos mundanos,
los quehaceres del ir y devolverse,
la agotada rutina que no deja
rehacer la humana compostura
caída sobre ellos, como sombra,
y de paso también sobre nosotros,
cuatrocientos, quinientos o seiscientos,
inocentes tirados en las calles...
mañana nos dirán otro dictamen
que adolezca de nítida verdad,
pero sirva cuando menos como traje,
para no reservarnos este frío
de ver un pueblo lejano más sufrido,
sufrir más por culpa del silencio,
perdido entre la bulla pestilente
que hacen la política del mundo
y esa pordiosera economía
-  legiones de ira sinvergüenza,
atadas hace tiempo de las manos,
corriendo sobre el borde de los tiempos
con los ojos cerrados,
entre risas -
mientras los avizores se preguntan,
qué ha sido de este mundo, de perfidias,
dónde fue la decencia, el ser humano
y la noción de ser que nos cubría,
ahora cubre a quién...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 16 de julio de 2014

LO QUE CALLAS, TE GRITA SIN AVISO / Poesía de José Ignacio Restrepo




DIEZ ESPEJOS


    Que yo tengo tu aceite entre mis ojos
y cada que te miro escancio
gotas largas, tragos de fermento
que más que buscar tu piel
se hacen aliento,
tónico que se llama con tu nombre
y me cubre odorífico y calmante,
para que sienta el fresco de tu aroma,
y te respire, te respire como nunca,
en las frondas del alma...

Reversos que se encaraman y me toman,
como testigo claro e inconforme
de que fuiste y aún eres mi jardín,
nevado, en veranos recurrentes
y rosales amargos sin sus rosas,
son las cosas que pasan sus facturas
dando hambre al que no busca alimento,
mientras arden fermentos del vacío,
en la lindes del frío...

Y tu rostro perfecto que me asola
en las noches perfectas de diez horas,
yo someto a pared los diez espejos
y recurro a mi látigo sereno,
para darle a mi sed lo que más quiero,
ese vino que amaga en acabarse
cada que te destapo para oler
el aroma perfecto de tu cuerpo,
tan amado y querido
en el ayer...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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DE TU VOZ ESTÁ LLENO MI SILENCIO / Poesía de José Ignacio Restrepo


EL ÁRBOL SOLO


Hay verdes soledades
echadas sobre el pasto canceroso,
que disfrutan del vuelo de las aves
a la hora menor de sus antojos,
mientras enhebran sueños repetidos
que tienen por objeto respirar,
no dejar que silencios intranquilos
se vengan a vivir a sus castillos
ni tampoco instituyan telarañas
en las esquinas acólitas del alma,
con el vínculo acaso profiláctico
de mermar el pasado en la despensa,
donde moran insectos invitados
que cada cuarto de hora
hacen su anuncio,
de inocular su plática inconforme
en la piel asolada e irredenta
del que a solas corona delicado
otro día de tedio inmarcesible...

Hay galones que llevan nuestros nombres,
llenos de agua o de vino juvenil,
cuyo ánimo de pasar por las gargantas
salvando a su mentor de sed pueril,
no puede sin embargo desgastar
la estúpida quiniela ya jugada
que va del corazón hasta la cava,
donde guarda la gota rebebida,
la borrachera triste del que guía
su diaria desazón,
su cruel martirio,
pegado de recuerdos distinguidos
tatuados en su alma de mil sedes,
que de afectos nunca se hizo
coronar...

Y ese árbol enhiesto, solitario,
que en el fondo despliega su follaje,
y le ofrece su sombra gratamente,
ese que no visitas, solo miras,
está allí como prueba imperturbable
de que puedes optar
por otro goce,
que no sea pescar en ese lago
de muertos ideales que se asoman
a mirar lo genial de tu memoria
y el dominio que tienes del pasado,
que no deja a tu vega
ni un centavo,
y a cambio te sustrae el aire puro
dejándote en enconos nuevamente
ese pecho que en la noche lastimero
se levanta y se ofende
ante la luna,
por la luz declinante que le deja
para verse y seguir
buscando sombras,
en su ruta de apegos que se fueron...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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domingo, 13 de julio de 2014

DONDE TIENE LA PIEL ALFORJA Y NUDO / Poesía de José Ignacio Restrepo



EL SECRETO DE AMAR


Gente menos normal habita a Eros, 
se revuelve en sus cálidas entrañas, 
busca el hoy de frenesíes que no le llegan, 
hurgando con sus uñas bautizos, 
luego muere de versos aún hilados, 
con albores de días en fermento...
cómo duele el anís que gorgoteas, 
cuando llega la letra ya postrera 
y se acaba tu voz entre silencios...
pero mientras,
te alabo mi equimosis,
tengo fe de que llegues nuevamente,
despelléjome una y otra vez
sin complejos contra pencas entre el monte
y la sarta de emblemas para hablar,
como cheques que fueran de viajero
- esos buenos papeles que consigues
para darlos en cambio
de once abriles -
en forma de palabra y de silencio,
tú los llamas poemas yo alimento...

Gente buena que pierde la cabeza
cuando el alma les rige desde adentro,
yo los veo cantando o zahiriendo
recogiendo pedazos de su vida,
por amores certeros o suicidas,
que exhibieron nutriendo,
y yo tiro los dados nuevamente
para hallar las palabras
escondidas,
ellas brotan inmensas de mi herida
para dar a quien llega su comida,
o el aceite en su piel cortada y noble,
mientras curo mis manos y mi boca,
yo no puedo decir cómo sucede
pero sé que quien lee me comprende...
vienen tantos y se marchan tan pocos,
diferentes,
distintos,
dadivosos,
que se explica entre cardos esta lumbre
de sentir, resentir y devolver
lo querido entre voces animosas,
mientras es el silencio la guarida,
donde sano,
sanamos,
esta herida...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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domingo, 6 de julio de 2014

LO QUE A SOLAS LE CANTA A LA ESPERANZA / Poesía de José Ignacio Restrepo


 LO AMADO QUE NO FUE


Quién le canta a las cosas que se quedan,
a las metas que miran desde lejos
la nostalgia cansada entre motivos
que pudieron nacer y ahora yacen,
como toscos recuerdos
trenzados en aquello que pasó
con palitos de atasque, zancadillas,
mirándonos de lado
y a hurtadillas,
en mitad de la tarde y a la espera,
mientras doblas la ropa
o lavas loza,
media hora antes de que arribe
la noche bienhechora...
Se llamaba Maestría o Doctorado,
primer libro cercano de la imprenta,
o viaje por la costa blanca
porque debe ser Grecia
antes que todo,
o primero que nada igual que todo
lo que busca lugar en historiales,
como se nombra con respeto al matrimonio
cuando parece ser un fin y no un principio,
o acaso en tu interior
lo llamas hijo
aunque no llegó ni acaso a ser promesa,
diálogos levantados en la mesa
o camino del sombrío dormitorio,
con tu hermana de todo,
tu mujer,
que a veces te habla como hacía tu madre,
colgándose de arpegios y murales
que tú dices guardar  hondo en tu alma,
y que resuenan jóvenes,
sinceras,
cuando cuentas tus lunas y tus guerras...

En las yemas gastadas
se ven líneas,
que detallan los cruces de tu viaje,
las largamente inundadas fortalezas
que eran fríos bohíos temporales,
y los ojos gastados de llorar
por no haber obtenido las medallas,
que eran solo quizás un bien de aplausos
o el beso caro y digno
de una boca,
que tiempo ha oró entre despedidas
porque llegaras bien
tras esa lucha,
o al menos que llegaras,
para hacer lo que faltaba de tu vida...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 2 de julio de 2014

CONOZCO DE ESTE FRÍO CADA SOL / Poesía de José Ignacio Restrepo


A  UNA CUARTA


Como perro de presa,
pensamiento mortaja me persigues,
cojo de cara fea y sin meñiques
que respondes con fea risa a la pregunta
qué te trae a este sitio,
qué te trae,
emulsión de veneno y fino traje
nacido de las dudas emergentes
en la duna del día,
el desierto sumido entre el hastío,
donde no puedo hallarte
pero estás...

Taciturno cubierto de lejía,
con los ojos llorosos sin motivo,
ese soy transeúnte en desvaríos
causados por lo ido,
lo pasado,
como diría el tanguero resabiado
que sin beber el servido trago se marchó,
estás muerto de ganas de vivir
por aquello que ya no puede ser,
que echa el tiempo al segundo su cerrojo,
y la llave disuelve en ese hacer
entre algún vaso roto..

Cabizbajo deletreo el pensamiento
nombres, calles, serenas aventuras,
y tejo sin casi luz un bello traje,
en un gancho esperando...
qué vestir
si dejarlo es un ultraje,
y fue caro su trabajo al molde intacto,
cómo decidir que es solo ese otro acto
para dejar con su aroma ante el olvido
y que debo tomar aguja e hilo,
para dar a este cuerpo
entero abrigo,
pues se muere de frío
hoy se me muere,
mitigado por verte muy atrás,
a una cuarta sincera de mi mano...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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