jueves, 25 de octubre de 2012

COMO VINO EN BOTELLA ABIERTA… / Poesía de José Ignacio Restrepo


TORNASOLES


Pedidas y negadas bendiciones
que antes de serlo nos causaron risas,
qué fue de los timbales y las gaitas
que tu voz regentaban si la suerte
me hacía aparecer en las colinas
de tu casa vital e imaginaria,
donde un día encontraste mis caminos
tan vecinos de tus leves pies,
y pronto te amañaste más en ellos
que en los tuyos cambiados y desiertos…
Como el brillo pintado de colores
que el aceite regala cuando llueve,
sobre la calle oscura y asfaltada,
así veo tu cara desde aquí,
en el día que no soñamos nunca,
bien se dice que no se dan promesas
si se sabe que no vas a cumplir,
perdona si fui solo algún color
que en tu viaje dejó todo mejor
al extender mi tono en tu rutina,
promesas al olvido enaltecidas,
las guardo como cartas sin remite,
y bendigo sin dios lo ya omitido,
y perdono de boca esos sobrantes,
yo soy de tornasol
el calor cambia,
declaro que soy otro en estación,
cuando me siento bien
rescato esos inviernos de la piel
y los convierto en mieles y ambrosías,
incluso corazón la luz del día 
se sentía difusa en tu presencia,
por eso me despido en bajo tono,
perdono las inquinas y el encono,
y todo lo vedado o prometido,
cuando salgas mi amor 
cierra la puerta,
y quema este mensaje,
del recuerdo al olvido
es corto el viaje…

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
• Copyright ©

2 comentarios:

  1. Como el prisma que la lluvia
    regala entre los febos rayos
    y se posa suave sobre los labios
    en búsqueda de humedad y frescor,
    así, así se recibe y retiene
    el tornasol en el alma, en los ojos, o en la voz.
    Cerrar la puerta no implica,
    cerrar la mirada al dolor.
    v.a.

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    1. ...antes que tu voz llegara, de ese silencio profundo y predador rajaba por el medio su albornoz, para pedirle en al cara que gritara fuerte, duro, y así tallar en el siguiente molde, ese nuevo mensaje, abrasivo, sutil enajenante...Ahora, hoy, este instante...Llegaste, con tu voz renuente a regalar silencio, y eres mis grito en el eco, mi huella renaciente ne mi espalda...mi prueba fehaciente de que regalaste oído, mujer, a la charla entrabada en el silencio...cómo te agradezco, Vanessa, no sabes cuánto...

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